LLERENA EN 1810

(Publicado en la Revista de Fiestas Patronales de 2010)

Enlazando con los artículos publicados en las dos últimas entregas de esta revista (“Llerena en 1808” y “Llerena en 1809”), abordamos a continuación los sucesos acaecidos en esta ciudad durante 1810. Para ello, nuevamente nos encontramos con las dificultades ya presentadas en la elaboración de los dos artículos anteriores; es decir, la total ausencia de documentos relativos a la Guerra de la Independencia en los expoliados archivos de Llerena y el carácter genérico e inespecífico de las informaciones dadas sobre la citada ciudad en las grandes obras y cronicones publicados sobre dicha guerra. Por ello, y como en los casos anteriores, hemos de basarnos en datos recogidos en los archivos municipales de tres de los pueblos del entonces partido de Llerena (Guadalcanal, Valencia de las Torres y Valverde de Llerena), donde se localizan esporádicos decretos y órdenes recibidas a través de Llerena y procedentes de la Junta Superior (órgano colegiado que ostentaba la máxima autoridad del reino), de la Junta Suprema de Extremadura (órgano colegiado de rango inferior al anterior y que se encargaba más directamente de los asuntos de la guerra en esta provincia) y de los cuarteles generales del ejército español, además de las instrucciones y otras normativas en las que entendía la Junta Patriótica de Llerena, subsidiaria de las anteriores.
Antes de adentrarnos en 1810, parece necesario resumir lo ya relatado sobre Llerena entre el 2 de Mayo de 1808 y finales de1809:
- En primer lugar, hemos de considerar que en esta ciudad, como cabecera de un amplio partido, se había constituido una Junta Patriótica a primeros de Junio de 1808, con facultades políticas y administrativas en la misma y en los 45 pueblos del partido que encabezaba.
- Que en el desarrollo de sus competencias, la citada Junta Patriótica (constituida mayoritariamente por miembros del clero, de la inquisición y de las familias llerenense más poderosos) se encontró con la declarada enemistad, enfrentamientos por asuntos de competencia y, en ocasiones, rebeldía del gobernador de turno (primero Camborda y después Muñoz Santiago), su alcalde mayor (Amat) y de la práctica totalidad de los regidores perpetuos llerenense, representados y encabezados por Matías Cebrián. Ya en 1810, estos desencuentros hemos de centrarlos muy especialmente en el pulso que mantuvieron el inquisidor Riesco , como presidente de la Junta Patriótica de Llerena, y el gobernador Muñoz Santiago, quitándole el primero al segundo el patronazgo y los derechos pecuniarios inherentes a la obra pía instituida por el capitán Fernández Barba a finales del XVII .
- Por último, resaltar que hasta la primavera de 1810 los llerenenses sólo habían conocido y sufrido los efectos indirectos de la guerra (reclutamiento de soldados, impuestos extraordinarios, petición de avituallamientos para la tropa…), pero no los directos, pues durante la invasión francesa que sufrió una parte del partido de Llerena en la primavera de 1809, los gabachos no llegaron a entrar en la ciudad.

Sobre esta última cuestión sabemos que los franceses se retiraron de las proximidades de Llerena en Mayo de 1809, centrándose a partir de entonces los acontecimientos bélicos más notables en Portugal y en el norte de la Península. Pero a principios de 1810, controlada por los invasores la práctica totalidad de la zona septentrional de España, el pesimismo se apoderó de nuestros antepasados, una vez conocidas las intenciones del enemigo por ocupar Extremadura y Andalucía, operaciones que acometieron con extraordinario éxito y sin apenas resistencia. En efecto, los gabachos avanzaron desde zonas más norteñas decididamente sobre Extremadura, bajo el mando del mariscal Massena, apoderándose de Olivenza el 22 de Enero e iniciando el cerco a Badajoz el 26 de dicho mes. Al mismo tiempo, el 20 de Enero y bajo el mando del mariscal Soult, los invasores penetraron por Despeñaperros, ocupando sin apenas resistencia la totalidad de Andalucía en menos de un mes, salvo el fortín de Cádiz, que nunca llegaron a controlar. Concretamente y en lo que más afectó a Llerena, el primero de Febrero los franceses se apoderaron de Sevilla, pero no se conformó Soult con esta ocupación, sino que puso sus ojos inmediatamente sobre Cádiz (ciudad a donde definitivamente tuvo que trasladarse la Junta Central Suprema del Reino y que ya quedó cercada el 6 de Febrero) y sobre la plaza fortificada de Badajoz, enclave ya sitiado desde zonas norteñas por Massena y que resistía heroicamente al acoso francés. Fue, por tanto, a partir de esta fecha cuando empezó a actuar por nuestra zona el 5º Cuerpo del ejército francés o del Mediodía, cuyos efectivos atravesaban reiteradamente las tierras del partido de Llerena por diferentes rutas para, desde Sevilla, reforzar el cerco de Badajoz.

En definitiva, las comarcas sureñas de la actual provincia de Badajoz se convirtieron por entonces en una zona de paso para la columna móvil francesa, en su continuo desplazamiento entre Sevilla y Badajoz, deteniéndose en los pueblos de la ruta sólo para repostar, avituallarse y descansar. En ese continuo discurrir, tanto en un sentido como en el contrario, los franceses utilizaron indistintamente dos vías confluentes en Zafra: una por Cantillana, Constantina-Cazalla, Guadalcanal, Llerena y Zafra para proseguir hasta Badajoz o viceversa, y la otra por el Ronquillo, Santa Olaya, Monesterio, Fuente de Cantos y Zafra. Sobre este particular, Gómez Villafranca nos ofrece una serie de documentos que demuestran este tráfico continuo y, además, nos confirma que no fue fácil para los franceses, pues con frecuencia fueron incomodados por la guerrilla española, nunca en forma de batalla abierta, pero sí mediante acciones puntuales de sorpresa .

Naturalmente, estas circunstancias ocasionaron grandes perjuicios a las poblaciones afectadas, pues en su paso los invasores requerían cuantos suministros necesitaban. No obstante, es preciso advertir que en los primeros meses de 1810 lo prioritario para el ejército francés del Mediodía fue el cerco de Badajoz, la defensa de Sevilla y el acoso a Cádiz, no teniendo en absoluto la menor intención de dispersar sus efectivos ocupando y supervisando la gobernación de Llerena y de los pueblos de las rutas descritas, ni la de los que les eran próximos. Esta actuación se constata al comprobar que dichos pueblos seguían mayoritariamente con su rutina administrativa, recibiendo órdenes y decretos de las distintas administraciones españolas a través de Llerena, como si no estuviese ocurriendo nada en sus alrededores. Por ejemplo, en los archivos municipales de los pueblos consultados encontramos entre Enero y finales de Abril de 1810 actas de plenos capitulares redactadas en papel acuñado con el sello de Carlos IV, aunque con la correspondiente convalidación para el reinado de Fernando VII, además de proclamas en defensa del soberano, la religión y la patria, así como cuadernos de órdenes y decretos recibidos a través de Llerena. Gracias a estos documentos se constata indirectamente la presencia de la administración española en Llerena y los pueblos de su partido, al menos hasta los primeros días de Mayo del año que nos ocupa (Docs. nº 1, 2 y 3)

A partir de esta última fecha los franceses, cambiando de táctica, decidieron tomar y asentarse en los pueblos que más le convenían. Así, en el caso concreto de Guadalcanal, desde el 11 de Mayo la administración francesa determinó gobernar dicha villa según su propia legislación, de tal manera que en las actas capitulares de esta villa santiaguista y extremeña aparecen reflejados continuos y asfixiantes requerimientos de dinero, equipamientos, comidas y medios de transporte para los ejércitos franceses, circunstancias de lo que respetuosamente se quejaban los miembros del Ayuntamiento, haciéndose eco de las airadas protestas de la vecindad.

Y esta situación es la misma que suponemos para Llerena y otras poblaciones de su partido hasta la primavera de 1812, fecha en la que los franceses abandonaron definitivamente esta zona. No obstante, la ocupación enemiga durante 1810 no fue perfecta o plena, pues existieron determinadas fechas en las que, bien por que les convenía -de acuerdo con sus tácticas y estrategias- o por que se vieran forzados a ello ante la presión de los aliados (la coalición, cada vez más comprometidas, de españoles, ingleses y portugueses), los franceses abandonaron en repetidas ocasiones la ciudad, tal como intentamos poner de manifiesto con los documentos que se adjuntan como anexos.

En efecto, entre Mayo y Septiembre de 1810 no encontramos en los archivos municipales de los pueblos del partido de Llerena órdenes españolas tramitadas desde Llerena. Por lo tanto, no sólo esta ciudad sino la mayor parte de la zona sur, central y oriental de la actual provincia de Badajoz debió estar ocupada por los franceses, que intencionadamente permanecieron por aquí para aprovechar la época veraniega y hacer acopio de cereales y paja, sin que por ello dejase de ser incordiados por efectivos de los aliados.

Fruto de esta presión, y demostrando la ya anunciada ocupación imperfecta u ocasional de la ciudad por parte de los franceses, tenemos referencias de que en Llerena existió un paréntesis intermedio, concretamente durante la primera quincena de Julio, fechas en las que los pueblos de la zona que nos ocupa quedaron nuevamente bajo la administración española, que se gobernaban siguiendo las instrucciones, órdenes o decretos recibidos desde Llerena (Doc. nº 5) Estas disposiciones principalmente tenían como finalidad reclutar soldados y exigir dineros y enseres para sus avituallamientos , objetivos que no pudieron cumplirse, pues a principios de Agosto ya estaban otra vez los franceses por la zona, emprendiendo cierta acción en Fuente de Cantos (1/08/10) y reinstalándose en Llerena. Y en esta ciudad permanecieron hasta recibir refuerzos de Sevilla con miras a cortar el paso al ejército español denominado de la izquierda, que bajo el mando del marqués de la Romana pretendía por aquellas fechas y desde Extremadura atacar y liberar la ciudad hispalense. Sin embargo, los franceses, conocedores de estas intenciones, entendieron que les era mejor defender a Sevilla en Extremadura, provocando el encuentro del 11 de Agosto en Cantalgallo, en las proximidades de Llerena. Esta batalla, junto a la de la Albuera, fue una de las más cruentas de las emprendidas en la Baja Extremadura, sorprendiendo y derrotando los franceses a los más de diez mil efectivos españoles comandados por el marqués de la Romana y los generales Ballesteros, Cuesta, Imaz y Mendizábal, que todos ellos estuvieron implicados en la derrota (Doc. nº 6) .

Poco después, confirmando la superioridad enemiga en las batallas a campo abierto, el 14 y 15 de Septiembre volvieron a derrotar a los españoles y aliados en Fuente de Cantos , circunstancia que determinó la retirada de la coalición de la zona, yendo unos efectivos hacia el oeste y la mayoría, al mando del marqués de la Romana, hacia Portugal, a donde acudieron para apoyar a ingleses y portugueses en la defensa de la línea de Torres Vedrás. Siguieron sus pasos los franceses, centrándose, por lo tanto, la confrontación en Portugal y en el eterno asedio a Badajoz. Esta circunstancia motivó un nuevo desalojo de Llerena y su zona de influencia por parte del enemigo, siendo Matías Cebrián López (uno de los regidores perpetuos díscolo y crítico con las actuaciones de los miembros de la Junta Patriótica, a los que desautorizó aliado con los otros regidores perpetuos y con Antonio Muñoz, el gobernador) quien se hizo con el poder en la ciudad, circunstancia de la que hacía gala cuando trasmitía ordenes superiores a los pueblos del partido, en calidad “de la omnímoda real jurisdicción de Llerena y su partido, por legítima elección” (Docs. nº 8 y 11).

A juzgar por los decretos tramitados y firmados por Matías Cebrián, parece ser que desde finales de septiembre de 1810, y hasta finales de Diciembre de 1810, Llerena y la práctica totalidad del partido quedó nuevamente bajo la administración españolas, circunstancia que se aprovechó para seguir insistiendo en el reclutamiento y alistamiento iniciado en los primeros días de julio que, como ya se dijo, no pudo llevarse a cabo por la inmediata reocupación francesa. Igualmente se aprovechó la ausencia del enemigo para solicitar más avituallamiento para la tropa, “teniendo atención a que los valientes soldados no deben carecer de lo necesario y teniendo en cuenta que los pueblos que lo sostienen (donde estaba en cada momento el cuartel general y las distintas divisiones) padezcan lo menos… por ello se ha elaborado un plan con toda meticulosidad para que todos los pueblos del partido de Llerena contribuyan y no sólo donde están los cuarteles, excluyendo por ahora a varios de ellos por los perjuicios que les han causado nuestros pérfidos enemigos, los que he visto y han excitado mi compasión… los pueblos, con los medidas que estimen oportuna trasportarán un día para tres las raciones asignadas, y no distraerse continuamente en sus labores. Y los de Guadalcanal, Valverde de Llerena, Ahillones, Berlanga, Azuaga, Granja, Magulla y Campillo harán una remesa anticipada de ocho días y, concluyendo esta seguirán con el mismo orden… ”

La situación de Llerena durante el otoño de 1810 fue algo más complicada de lo indicado en el párrafo anterior, pues en determinados momento tuvieron que soportar la presencia de los franceses (Docs. nº 9 y 10 ). Es decir, los enemigos no se retiraron de la zona plenamente, sino que, aunque con pocos efectivos, siguieron desplazándose entre Sevilla y Badajoz, incomodando en determinadas ocasiones al vecindario de los pueblos de la ruta.

Para finalizar, anticipándonos a los acontecimientos de 1811, hemos de advertir que la relativa tranquilidad que afectó a Llerena y al resto de los pueblos del partido durante el otoño de 1810 cambió bruscamente al iniciarse 1811. En estas fechas el mariscal Soult penetró en Extremadura, desde Sevilla, con dos objetivos: tomar de forma definitiva la ciudad fortificada de Badajoz, sitiada prácticamente sin interrupción desde Marzo de 1810, y atraerse así a parte de los efectivos españoles que en la línea defensiva de Torres Vedrás contenían a la fuerzas de Massena en su intento de apoderarse de Lisboa”.

El primero de los objetivos se consiguió el 11 de Marzo de 1811, tras la polémica rendición de la exhausta ciudad de Badajoz, paradigma de la resistencia española y cuya capitulación representó un golpe de efecto que facilitaría el control francés de la mayor parte de Extremadura, como así fue hasta finales del verano de 1812.

LLERENA EN 1809

  • (Publicado en la Revista de Feria y Fiestas de Llerena,2009)
    I.- ANTECEDENTES
    Como ya indicamos en un artículo publicado en la edición anterior de esta Revista de Fiestas Patronales (Llerena en 1808), las circunstancias y urgencias propias de la Guerra de la Independencia determinaron un mayor protagonismo gubernativo y administrativo de esta ciudad, desde donde se gobernaban los 44 pueblos de su partido, trasmitiendo a sus autoridades las órdenes e instrucciones que a Llerena llegaban desde la Junta Central Suprema de Gobernación del Reino, de la Junta Suprema de Extremadura o de los cuarteles generales de los ejércitos nacionales.

    Gracias al contacto directo con la superioridad, las autoridades llerenenses tuvieron noticias de primera mano sobre el Motín de Aranjuez, los sucesos del 2 de Mayo en Madrid y la forzada abdicación de Fernando VII en favor de José Bonaparte el día 5 del mismo mes. En concreto, la iniciativa y disposición de los alcaldes de Móstoles fue conocida oficialmente por el gobernador interino y alcalde mayor de Llerena, don Fernando Camborda, sobre las tres de la madrugada del día 5 de Mayo, noticia que puso en conocimiento del resto de las autoridades civiles y religiosas locales, y también de las de los pueblos de su jurisdicción.

    Como ya se consideró, el primero de Julio de 1808, siguiendo instrucciones superiores, se constituyó la Junta Patriótica de Llerena, con facultad para tutorar y controlar los asuntos de la guerra en esta ciudad y en todos los pueblos de su partido histórico. Dicha junta quedó controlada por el clero local (el inquisidor Riesco y el obispo-prior Casquete del Prado), excluyendo a Camborda y a la práctica totalidad de los regidores perpetuos de la ciudad, salvo a Hernández Santa Cruz. Esta circunstancia no fue bien acogida por las personalidades descartadas, situación que inmediatamente dio origen a sucesivas polémicas y disensiones, la primera de las cuales se resolvió con el traslado de Camborda a Hornachos. Por desgracia para los intereses nacionales y locales, las desavenencias entre las autoridades llerenenses no concluyeron aquí, pues las discordias estuvieron presentes durante todo el desarrollo de la Guerra.

    Respecto a la guerra en sí, como también ya se contempló en su momento, la contienda fue un paseo triunfal para los intereses franceses hasta que, excesivamente confiados, sufrieron en Julio de 1808 la estrepitosa derrota de Bailén, circunstancia que provocó su retirada al noreste peninsular. Pero allí, ya en el otoño los aproximadamente 60.000 efectivos españoles que acudieron a acosarles se encontraron con el enemigo reforzado con más de 250.000 soldados de todas las armas, perfectamente adiestrados y pertrechados, y bajo la personal dirección de Napoleón, que sin apenas esfuerzo les derrotó sin contemplación. En lo que más nos atañe, el ejército de Extremadura, del que formaban parte unos 5.000 soldados reclutados en el partido de Llerena, prácticamente desapareció tras los distintos enfrentamientos que mantuvieron con el enemigo en la provincia de Burgos, sufriendo numerosas bajas y deserciones. Los escasos efectivos que sobrevivieron padecieron en Diciembre nueva derrota en las proximidades de Madrid, ahora en unos momentos en los que la Junta Central se vio forzada a abandonar Madrid para, tras descartar su traslado a la plaza fortificada de Badajoz, refugiarse por fin en Sevilla.

    Bajo estas circunstancias y con el enemigo avanzando desde Madrid hacia distintos puntos de la Península, entre ellos Extremadura y Portugal, abordamos la repercusión de la contienda en Llerena durante 1809.

    II.- LUCHA POR EL PODER LOCAL
    En ausencia de datos, hemos de suponer que la vida de los llerenenses discurriría con la normalidad que la guerra permitía en 1809. Y hacemos esta conjetura porque realmente carecemos de datos concretos, dada la laguna documental que existe en los archivos de la ciudad, reducido a las partidas recogidas en los Libros Sacramentales de sus dos parroquias. Ya hemos lamentado esta circunstancia en otras ocasiones, pero conviene recordar que en Llerena no se conserva ni un solo documento relativo a la Guerra de la Independencia, acotando la laguna documental citada entre los años setenta del XVIII y los treinta del XIX. Por ello, sólo es posible tomar referencias sobre Llerena cuando lo sucedido en nuestra ciudad tuvo eco o repercusión más allá de sus murallas, bien por tratarse de órdenes recibidas de la superioridad, de decretos remitidos a los pueblos de su gobernación por las autoridades del partido o por hechos aquí acontecidos y que tuvieron repercusión o desenlace en otros lugares.

    Al parecer, tomando nuevamente la referencia del año anterior, la precipitada salida en Agosto de 1808 del gobernador interino y alcalde mayor de Llerena, Sr. Camborda, no fue suficiente para calmar los ánimos y alcanzar la paz entre las distintas autoridades llerenenses. En realidad, durante el Antiguo Régimen en Llerena nunca faltaron recelos y suspicacias de esta naturaleza entre los miembros del clero, los del estamento nobiliario y los administradores y oficiales reales que circunstancialmente aquí estaban destinados. Buena prueba de ello se localiza en una especie de crónica e informe de 1667 redactado por Cristóbal de Aguilar (Libro de razón), en donde se recogían los privilegios de la ciudad y las competencias de cada uno de los estamentos de poder en ella centralizada. Se daba cuenta igualmente de lo pactado y acordado protocolariamente sobre la privilegiada ubicación de cada autoridad en todos y cada uno de los actos festivos (juegos de cañas, corridas de toros, representaciones teatrales…) y religiosos (misas, procesiones, rosarios, autos de fe…) que se celebraban en Llerena, repartiendo con meticulosidad y de forma inequívoca cada uno de los palcos y arcos que rodeaban la Plaza Mayor, los sitiales reservados en las iglesias y conventos, así como la posición de cada autoridad en las dependencias donde se celebraban los plenos del Ayuntamiento o cualquier otra actividad administrativa. A tal extremo se llevaron estos asuntos protocolarios, que aún a finales del XVIII la propia reconstrucción de la Iglesia Mayor de Ntra. Sra. de la Granada tuvo que adaptarse arquitectónicamente para incluir exactamente los soportales y arcos que el primitivo templo disponía delante del mismo, es decir, los que entonces se conocían como Portales de Plateros y Libreros.

    En realidad, especialmente desde el definitivo asentamiento de los regidores perpetuos en Llerena a finales del XVI, el gobierno del concejo quedó en sus manos. Éstos constituían el estamento nobiliario u oligarquía local, junto a la escasa veintena de hidalgos avecindados en la ciudad, así como ciertos y circunstanciales oficiales reales en ella asentados (gobernador, alcalde mayor, escribanos, funcionarios de la tesorería del partido y de la Mesa Maestral, los asociados a la administración de Justicias, jueces comisionados para asuntos puntuales, militares de graduación…).

    En efecto, el gobierno del concejo quedó exclusivamente como competencia de los numerosos regidores perpetuos que compraron el título entre 1599 y las dos primeras décadas del XVII, con la anuencia del gobernador, cuya voluntad doblegaban ofreciéndole el patronato de la obra pía que fundara el capitán Fernández Barba. El osado atrevimiento de los regidores perdía tal condición si consideramos que dicho patronazgo conllevaba 11.000 reales anuales (el jornal, cuando se podía echar y siempre de sol a sol, estaba estipulado entre 3 y 5 reales, según la época del año y la tarea a realizar). Es decir, un “estímulo” suficiente para que el representante real en Llerena les dejara vía libre en el gobierno y distribución de los bienes concejiles y comunales (representaban aproximadamente el 90% de la tierra de los actuales términos de Llerena y sus antiguas aldeas de Higuera y Maguilla), así como en el reparto de la carga fiscal que afectaba al conjunto de los llerenenses.

    El otro estamento privilegiado de la ciudad estaba representado por el numeroso clero local, presidido por el obispo-prior y los asociados a sus distintas competencias religiosas y administrativas en la provincia de León de la Orden de Santiago en Extremadura (unos 10.000 km2), además del provisor del partido de Llerena y sus ayudantes, los dos párrocos locales con sus tenientes, los numerosos beneficiados de capellanías, obras pías y vínculos, tres conventos de religiosas (Santa Isabel, Santa Clara y Santa Ana) y cuatro de religiosos (dominicos, franciscanos, hermanos de San Juan de Dios y jesuitas), sin olvidarnos del complejo entramado representado por los miembros del Tribunal de la Inquisición. En total, aproximadamente tres centenares de religiosos, algunos de ellos con muchísimo poder, carga difícil de mantener por los poco más de 6.000 habitantes que tuvo Llerena en su mejor época, es decir, los 1.500 pecheros o unidades familiares que, como media a lo largo del Antiguo Régimen, integraban el pueblo llano o clase desfavorecida del sistema social imperante.

    Los dos estamentos privilegiados (nobleza intitulada local y clero), aunque rivalizaban por nimiedades tales como un palco en la Plaza Pública o un asiento o lugar preferente en las iglesias o procesiones (no digamos por otros asuntos más importantes), actuaban corporativamente cuando se trataba de defender sus privilegios frente al estamento de los pecheros, abusando de ellos, tanto en el reparto de tierras para labrar o pastorear como en la aplicación de impuesto.

    Y bajo estos parámetros hemos de analizar los acontecimientos locales y la eterna lucha por el poder entre las autoridades de las múltiples administraciones que concurrieron en Llerena durante la Guerra de la Independencia, parámetros y protocolos rotos desde su inicio. En efecto, la aparición a primeros de Junio de 1808 de la Junta Patriótica local hizo añicos los pactos protocolarios y la distribución de poder y competencias que habían presidido las relaciones de las distintas administraciones y autoridades ubicadas en Llerena durante más de dos siglos. Así, nada más empezar la guerra, el pulso entre el gobernador interino y alcalde mayor de Llerena, Sr. Camborda, y la recién aparecida Junta Patriótica concluyó con la expulsión de este último, especialmente por la influencia de su presidente, el inquisidor decano José María Riesco (integrante también de la Junta Suprema Provincial de Extremadura y, más adelante, uno de los parlamentarios de las Cortes Constituyentes de Cádiz) y la de Casquete del Prado (fuentecanteño, obispo-prior de la Orden de Santiago en su provincia de Extremadura y, con posterioridad, también integrante de las Cortes Constituyentes).

    A Camborda le sustituyeron el Coronel Antonio Muñoz de Santiago, como gobernador, y Amat como alcalde mayor, dos personajes oriundos de distintos lugares de la geografía peninsular pues, según era costumbre en los territorios de Órdenes Militares, dichos funcionarios reales no deberían tener ninguna relación de vecindad con Llerena, ni de familiaridad con su vecindario. Pues bien, nada más tomar posesión de sus respectivos cargos aparecieron entre ellos los primeros desencuentros, cuando en realidad se debía tratar de cargos y oficios complementarios: el del gobernador, como máxima autoridad en Llerena y su partido, y del alcalde mayor y abogado de los Reales Consejos como su asesor personal en cuestiones jurídicas. Sin embargo, se quejaba Amat de que Muñoz no se dejaba aconsejar, saltándose las ordenanzas y leyes a su antojo, utilizándole exclusivamente con fines recaudatorios en casos ya rancios y complicados, máxime en los tiempos que corrían.

    Pero los frentes de discordias entre las distintas autoridades llerenenses fueron numerosos a lo largo de 1809, pese a que los franceses llegaron a estar en cierto momento prácticamente a las mismas puertas de la ciudad. Sobre este particular, el ya clásico clan de regidores perpetuos locales (hasta 24 concurrieron en alguna fase del Antiguo Régimen) adoptaron diversas posturas:
    - Algunos habían desistido de renovar su cargo en 1805, estimando que para esas fechas no era tan interesante el oficio, especialmente como consecuencia de las reformas ilustradas en la administración de los concejos.
    - Otros, pese a renovarlo en la fecha últimamente indicada, decidieron mantenerse al margen y olvidar sus obligaciones en el gobierno y administración del concejo, especialmente, suponemos, por las complicaciones que podrían derivarse del conflicto bélico, a las que habría que añadir el enfrentamiento nada disimulado que se estaba produciendo entre el gobernador y la Junta Patriótica local y del partido. Fueron los casos de Juan de Monroy, Fernando de Aguilar, Enrique Ansoti, Antonio Moreno, Sebastián Montero, Ignacio del Olmo, Pedro Corpas, Francisco Cabanillas, Francisco Ansoti, Manuel de la Fuente, Lorenzo de Figueroa y los herederos de Pablo Nanclares.
    - Sólo Hernández Santa Cruz (regidor perpetuo decano) pasó a formar parte de la Junta Patriótica local, defendiéndola con decisión.
    - Finalmente, el grupo de los únicos que decidieron cumplir con sus obligaciones y continuar en el Ayuntamiento, no sabemos si por respaldar al gobernador o por el común interés en contrarrestar a la Junta Patriótica, que actuaba y se había erigido como la máxima autoridad en Llerena y en los 44 pueblos del partido, que ocupaban una superficie aproximada de 6.000 km2. Nos referimos a Antonio Muñoz Gato, Francisco Pacheco, Juan Hidalgo, Matías Cebrián, José Gómez (mayordomo, es decir, quien administraba los fondos municipales) y Fernando Rodríguez Zambrano (síndico personero del común o, lo que es igual, quien se encargaba de distribuir las tierras y pastos comunales).

    Eran, pues, tan pocos regidores los que decidieron seguir en el Ayuntamiento, que por falta de quórum, y considerando las circunstancias tan especiales que concurrían, frecuentemente se veían obligados a suspender los plenos municipales, como así estaba recogido en las ordenanzas del concejo llerenense. Por ello, en una sesión de pleno celebrada durante la primavera de 1809 decidieron solicitar de la Junta Central Suprema de Gobierno del Reino (refugiada en los Reales Alcázares de Sevilla, tras su retirada de Madrid en Noviembre de 1808) una Real Provisión que obligara a los regidores perpetuos absentistas a deponer su actitud, sugiriendo que en caso contrario se les secuestrara el oficio que habían comprado a perpetuidad. Igualmente solicitaron que se les permitiera anualmente escoger entre el vecindario cuatro o seis personas dispuestas a actuar como regidores.

    Esta última petición fue desestimada, pero no la primera. En efecto, desde Sevilla (sede de la Junta Suprema de Gobernación del Reino) contactaron con los regidores absentistas, conminándoles al cumplimiento de las competencias anexas a su cargo. Sobre este particular, sólo hemos tenido acceso a las alegaciones de Aguilar y Valdés, que justificaba su incomparecencia en el Ayuntamiento arguyendo su avanzada edad (acompañaba una partida de bautismo), los achaques propios de la misma (acompañaba certificado médico) y la falta de personas de su confianza para hacerse cargo de su vasta fortuna, hacienda y negocios, estos últimos como distribuidor mayorista de productos de primera y segunda necesidad en toda la comarca. Añadía que era soltero y sólo tenía como familia a una sobrina viuda y madre de un niño de tres años, ambos sin capacidad legal para representarle en el Ayuntamiento. Por todo ello, dado también que nadie estaba dispuesto a arrendarle el oficio de regidor hasta la mayoría de edad de su sobrino-nieto, su sucesor legal en el mayorazgo familiar, solicitaba que se le dispensara de tales obligaciones y que en ningún caso le secuestraran el oficio de regidor perpetuo vinculado al mayorazgo familiar.

    Pero el conflicto más tenso fue el mantenido entre el gobernador Muñoz y los miembros de la Junta Patriótica. Estos últimos hicieron saber a la Junta Suprema del Reino que las actuaciones del gobernador estaban presididas por el ánimo de desacreditarla y restarle competencias, dado que no había conseguido el objetivo de regirla. A pesar de todo, hacían saber que la Junta había tenido a bien ofrecerle la responsabilidad de la vicepresidencia que, al parecer, no colmaba sus satisfacciones.

    El gobernador no estaba sólo en estos debates; lo arropaban, al menos puntualmente y para asuntos de discrepancia con la Junta Patriótica, los regidores Hidalgo, Pacheco y Cebrián, aunque este último y su familia, con miras más altas, representaba un asociado complicado y peligroso para el propio gobernador. El principal argumento que esgrimían para desacreditar a la Junta Patriótica era el de que en Llerena no existían los 2.000 vecinos (unas 8.000 almas o habitantes) estipulados para que un concejo pudiera disponer de Junta Patriótica.

    Al parecer, ni la Junta Suprema de Extremadura (por aquellas fechas asentada en Valencia de Alcántara, al cobijo de los ejércitos aliados y ante el casi asedio del enemigo a Badajoz) ni la Junta Central Suprema Gubernativa del Reino tomaron decisiones importantes sobre el conflicto llerenense, pues es de suponer que tendrían otros asuntos más importantes que resolver. El único que sí adoptó decisiones, y muy dolorosas para el gobernador, fue Riesco, en su condición de presidente de la Junta Patriótica de Llerena, inquisidor decano y, por aquellas fechas, miembro también de la Junta Suprema de Extremadura. Concretamente tomó la decisión de quitarle al gobernador el patronazgo de la obra pía de Fernández Barba y, lo que resultaba más doloroso, los 11.000 reales anuales que el cargo llevaba anexo. Además, para más complicación, se lo reservo para él en calidad de inquisidor decano, como inicialmente fue la voluntad del fundador.

    En definitiva, las relaciones entre las autoridades de Llerena fueron muy tensas. Suponemos que, al menos, el pueblo llano estaría distraído viendo como sus prepotentes, ricas y acomodadas autoridades se destrozaban entre sí, aliviándose de esta manera del excesivo desgaste personal y económico que les reportaban los continuos alistamientos y requisas de víveres que sufrían.

    El mejor de los espectáculos al que asistieron tuvo lugar en la Iglesia Mayor a primeros de Agosto. Se trataba de celebrar con toda solemnidad y júbilo aquella que los aliados (españoles, ingleses y portugueses) consideraron como la única victoria española frente a los franceses en todo 1809: la de Talavera (28/07/1809), que más bien concluyó en empate, con la oportuna retirada de los gabachos a otra zona más acorde con su estrategia. Para tal acontecimiento, siguiendo instrucciones superiores, se acordó que en cada pueblo se celebrasen una serie de actos festivos y religiosos de acción de gracia. Pues bien, con todo el pueblo en el templo y sus alrededores, los asesores y personas de confianza de uno y otro estamento del poder se afanaron en consensuar un protocolo imposible de alcanzar, portando los bancos y estrados propiedad del concejo desde el ayuntamiento a la iglesia mayor, discutiendo en este sagrado aposento sobre la ubicación de dichos estrados y el sitio preferencial de cada autoridad en los actos programados, reubicando los bancos en el Ayuntamiento ante los desacuerdos…, y todo ello delante del público que, aunque acostumbrado a estos espectáculos, seguía expectante el desarrollo de los acontecimientos. Mientras, a la espera de noticias sobre el protocolo a seguir, uno y otro bando de autoridades hacían tiempo en distintas dependencias del ayuntamiento para iniciar los actos programados, sin saber si se iniciarían o cómo concluirían. Al final, sin la asistencia del gobernador, miembros del Ayuntamiento ni, incluso, del párroco de la Iglesia Mayor y hermano de unos de los regidores perpetuos adepto al gobernador, se celebró a duras penas el acto, no sin la irrupción exhibicionista, fiscalizadora, y espectacular del gobernador, que en un momento de la celebración decidió pasearse por el templo.

    Y estos son los acontecimientos de los que tenemos noticias en Llerena durante 1809. En el resto de los años que duró la guerra, especialmente en las fechas más complicadas (Febrero de 1810, hasta Septiembre de 1812), fue Cebrián quien dio la cara, echándole redaños al asunto; las otras autoridades en discordia desaparecieron hasta que en Septiembre de 1812 los franceses abandonaron la zona, momento en el que tomó el poder el regidor perpetuo Hernández Santacruz.

    III.- LA GUERRA EN LA BAJA EXTREMADURA DURANTE 1809
    Volviendo sobre la guerra en Extremadura a finales de 1808, pese a la debacle y las numerosas deserciones del otoño, durante los meses de Enero y Febrero de 1809 se consiguió reorganizar los ejércitos nacionales, entre ellos el de Extremadura, quedando este último a cargo del general Gregorio de la Cuesta, que se puso como objetivo más inmediato sujetar a los franceses en su decidido avance desde Madrid hacia Badajoz. Por ello, temiendo no poder contenerlos en los pasos del Tajo y del Guadiana, y sospechando que la intención de los invasores era la de encaminarse hacia Sevilla, ciudad donde se había refugiado la Junta Central Suprema de Gobierno, se dieron determinadas órdenes para fortificar las posibles rutas a su paso por Sierra Morena. Así, los zapadores, con ayuda del vecindario de los pueblos de las posibles rutas, organizaron puntos de resistencia en los Santos, Monesterio, el Culebrín, Santa Olalla, el Ronquillo…, haciendo lo propio en la ruta alternativa a su paso por Guadalcanal.

    .Además de las medidas anteriores, la Junta Central también adoptó la estrategia de fomentar partidas de guerrilla y de preparar las denominadas milicias urbanas para incomodar al enemigo, impidiendo así la obtención de víveres mediante acciones por sorpresa en los puntos neurálgicos del sistema de comunicaciones. Precisamente la constitución en Llerena de estas partidas también fue objeto de polémicas, siguiendo con las pautas indicadas en el apartado anterior. Al final, el llerenense Muñoz Vaca resultó nombrado como comandante de dicha partida.

    Continuando con los asuntos de la guerra en el contexto provincial, el grueso de la reconstruida tropa extremeña se instaló en el Puerto de Miravete, en el puente de Almaraz y en Medellín, de donde definitivamente fueron desalojados el 29 de Marzo de 1809, tras una polémica batalla en la que, según el posterior informe de su general en jefe, D. Gregorio de la Cuesta, tenían prácticamente ganada, aunque falló a última hora por la tibieza con que se empleó la caballería española. Esta seria derrota provocó una penosa y desesperada retirada del ejército de Extremadura hacia el sur, dejando el enemigo a las puertas de Badajoz y la práctica totalidad de la zona central y oriental de la actual provincia de Badajoz a su alcance. Concretamente, tras la derrota en Medellín, el Cuartel General de los españoles se instaló en Berlanga; toda la caballería, comandada por el general Villalba, en Llerena; la división de Andalucía, comandada por el duque de Alburquerque, en Azuaga; la división de Guadalupe, al frente de la cual estaba el general Barredo, en Granja de Torrehermosa; el duque del Parque, con la vanguardia y la primera división, en Ahillones; en Reina la segunda división con su comandante el general Imaz; la tercera, bajo el mando del general Portago, en Fuente del Arco; y el hospital general en Guadalcanal. Al parecer, aunque el Cuartel General se trasladó poco después a Monesterio, estas posiciones se mantuvieron en manos españolas, pero no la de los otros pueblos del resto del partido de Llerena y los de la zona central y oriental de la actual provincia de Badajoz, en donde, obviamente, se vieron forzados a proporcionar a los invasores cuantos avituallamientos estimaron oportuno requerir, so pena de saqueos arbitrarios. Con independencia de estas exigencias, el vecindario de la comarca ya estaba comprometido a abastecer al ejército de Extremadura, según disposiciones tomadas por el general Cuesta, que había obligado a cada pueblo a proporcionar una serie de raciones para abastecer a la tropa concentrada en los pueblos citados anteriormente.

    Al parecer, los franceses, tras conseguir el botín de guerra, se retiraron de los pueblos del Partido de Llerena que ocuparon (Hornachos y los de sus alrededores, así como otros incluidos en la antigua encomienda de Alange) y, en general, de la Baja Extremadura a otras zonas más acorde con sus estrategias. Por desgracia, nuevamente volverían en Febrero de 1810, atacando simultáneamente por el norte y por el sur de la actual provincia de Badajoz, pero este aspecto se aplaza para próximas ediciones de esta revista.
    ___________________
    BIBLIOGRAFIA
    I.- FUENTES DOCUMENTALES:
    - AHN, Consejos, 11992, Expediente 43.
    - AHN, Diversos-Colecciones, 152, N. 27: Informe de M. Alós.
    - AHN, Estado, 28, C.
    - AHN, Estado, 41, A.
    - AHN, Estado, 80, D Reconocimiento de la Junta Central por las autoridades de Llerena.
    - AM Guadalcanal, leg. 126.
    - AMG, leg. 127.
    - AMG, leg. 1.382. Libro de Actas Capitulares, carpeta de 1809.
    - AMG, leg. 1.382, carpeta de 1813.
    - AMG, leg. 1.640.
    - AM. Valencia de las Torres, leg. 91.
    - AM. Valverde de Llerena, leg. 35.
    II.- FUENTES IMPRESAS- GUTIÉRREZ BARBA, A. Llerena y su partido en la Guerra de la Independencia, Badajoz, 2008.
    - GÓMEZ VILLAFRANCA, R. Extremadura en la Guerra de la Independencia española: memoria histórica y colección diplomática, 2 ª parte, apéndice documental, pp. 83 y 84, Badajoz, 1908.
    - MALDONADO FERNÁNDEZ, M. “El capitán Diego Fernández Barba, un llerenense generoso del XVII, en la Revista de Fiestas Patronales, Llerena, 1998.
    - MALDONADO FERNÁNDEZ, M. “Antonio Carrasco, Pilar de la Peña y la Plaza Mayor de Llerena”, en la Revista de Fiestas Patronales, Llerena, 2006.
    - MALDONADO FERNÁNDEZ, M. “Llerena en 1808”, en la Revista de Fiestas Patronales, Llerena, 2008.
    - MALDONADO FERNÁNDEZ, M. “La Guerra de la Independencia en Guadalcanal”, en Revista de Feria y Fiestas, Guadalcanal, 2008
    - MALDONADO FERNÁNDEZ, M. “El partido de Llerena durante la Guerra de la Independencia”, en Actas de las IX Jornadas de Historia en Llerena, Llerena 2008.
    - www.manuelmaldonadofernandez.blogspot.com

EL PARTIDO DE LLERENA DURANTE LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA

(Publicado en las Actas de las IX Jornadas de Historia en Llerena, 2008)


RESUMEN

Las circunstancias y urgencias propias de esta guerra determinaron un mayor protagonismo gubernativo y administrativo de Llerena, recuperando sus autoridades las amplias competencias que ya habían tenido con anterioridad en el extenso partido que gobernaban. Por ello, a Llerena llegaban órdenes y otras instrucciones procedentes de la Junta Central Suprema de Gobernación del Reino, de la Junta Suprema de Badajoz y de los cuarteles generales de los ejércitos nacionales o, en tiempos de ocupación, de las autoridades civiles francesas asentadas en Zafra y de los cuarteles del ejército invasor. Estas órdenes eran difundidas en forma de decreto por todos los pueblos de su jurisdicción, vigilando que las autoridades locales las recibieran y acatasen. Precisamente, el estudio y análisis de dichos decretos, aparte otras fuentes, nos sirven de guía para conocer la evolución de la guerra en Llerena y su partido histórico.

I.- DESDE LA CONSTITUCIÓN DE LA JUNTA PATRIÓTICA DE LLERENA (1/07/1808) HASTA LA DERROTA ESPAÑOLA EN MEDELLÍN (29/03/1809)


En 1808 el partido de Llerena, pese al recorte territorial y de competencias administrativas que venía sufriendo desde mediados del XVII, era uno de los más extensos de la provincia de Extremadura. Sus autoridades progresivamente tuvieron noticias del Motín de Aranjuez, de los sucesos del 2 de Mayo en Madrid y de la forzada abdicación de Fernando VII en favor de José Bonaparte el día 5 del mismo mes. Más concretamente, la iniciativa y disposición de los alcaldes de Móstoles fue conocida oficialmente por el gobernador interino y alcalde mayor de Llerena, don Fernando Camborda, sobre las tres de la madrugada del día 5 de Mayo, noticias que puso en conocimiento de las autoridades civiles y religiosas locales, y también en el del resto de los pueblos de su jurisdicción.

Los hechos citados despertaron en el seno del pueblo llano la indignación contra los franceses, sospechando de sus obscuras intenciones. Por ello, a espaldas del poder establecido, a finales de Mayo se constituyeron en las distintas provincias españolas las denominadas juntas supremas provinciales, cada una actuando de forma soberana y, en principio, anárquica y descoordinadamente.

La de Extremadura debió constituirse en los primeros días de Junio. Días antes, el 31 de Mayo se constituyó la de Sevilla, arrogándose inicialmente esta Junta Suprema la facultad de representar y defender en exclusividad los intereses de Fernando VII en el reino. De hecho, en el partido de Llerena se siguieron al principio órdenes procedentes de Sevilla, constituyéndose el primero de Junio la Junta Patriótica local, con facultad para tutorar y controlar los asuntos de la guerra en todos los pueblos de su partido histórico. Dicha junta quedó constituida así:
- Don Francisco María Riesco, inquisidor decano, que más tarde fue miembro de la Junta Suprema de Extremadura y diputado en las Cortes Constituyentes de Cádiz.
- Licenciado don José Joaquín Casquete de Prado, provisor y juez eclesiástico, que también fue miembro de las Cortes Constituyentes de Cádiz.
- Don Francisco Hernández Santa Cruz, regidor perpetuo y decano.
- Don Fernando Aguilar y Vadés, del estado de hidalgos.
- Don Juan Vázquez Fernández, abogado de los Reales Consejos.
- Don Fernando de Medina, administrador de todas las rentas y teniente del ejército retirado.
- Y, como secretarios, los tres escribanos supernumerarios de gobernación: Diego Vizuete, Manuel de Guillamer y Lorenzo Maesso (1).

En definitiva, una junta patriótica controlada por el clero y de la que excluyeron a Camborda, gobernador interino y alcalde mayor, y a la práctica totalidad de los regidores perpetuos, salvo a Hernández Santa Cruz. Esta circunstancia no fue bien acogida por las personalidades descartadas, situación que inmediatamente dio origen a sucesivas polémicas y disensiones, la primera de las cuales se resolvió con el traslado de Camborda a Hornachos.

Tras su constitución, la primera sesión se celebró el 6 de Junio, acordando trasmitir a las autoridades de los pueblos del partido las órdenes y otras decisiones administrativas, políticas y militares recibidas desde Sevilla sobre el alistamiento de voluntarios. Pocos días después, ahora siguiendo disposiciones tomadas por la Junta Suprema de Extremadura y según datos tomados de los archivos municipales de Guadalcanal, Valencia de las Torres y Valverde de Llerena, la junta se implicó activamente en las funciones que les eran propias, recibiendo, trasmitiendo y ejecutando distintas órdenes relacionadas con el obligatorio alistamiento y avituallamiento de soldados para constituir el ejército de Extremadura, interesándose igualmente por los desertores, por las personas sospechosas de distribuir papeles subversivos “pagadas por el enemigo y que fomentan la desunión y animan a deserta” (2), y estimulando, por lo contrario, a prófugos por distintos delitos, manifestando que se les trataría con magnanimidad si tomaban la decisión de alistarse en defensa de la Patria.

Buena muestra de las actividades de la Junta Patriótica de Llerena se localizan en una certificación de los secretarios de la misma, dando cuenta de sus gestiones hasta primero de octubre de 1808. Entre los documentos generados y las actuaciones realizadas, aparte las actas que recogían las distintas sesiones de dicha Junta, relacionaron:
- Varios cuadernillos de órdenes recibidas de la Junta Suprema de Extremadura.
- En consecuencia, otros con decretos remitidos desde Llerena a las juntas patrióticas de los pueblos y ayuntamientos de su partido.
- Un informe sobre el establecimiento de rondas en el interior de Llerena y nombramiento de guardas para sus puertas y otras entradas, en previsión de “cualquier ocurrencia que sobreviniese”.
- Numerosos cuadernos de alistamientos de mozos en Llerena y pueblos de su partido.
- Registros de donativos voluntarios.
- “Papeles” sobre confiscación de bienes, entre otros al conde de Campo Alange y al duque de Uceda.
- Numerosos cuadernos sobre contribuciones habituales y otras nuevas para afrontar las necesidades del momento.
- Otros documentos para registrar las distintas remesas de avituallamientos para el ejército, tanto en ganados como en granos, otros alimentos, ropas, telas, etc.
- Otro, “secreto” sobre reconocimiento de papeles sediciosos y subversivos.
- Un expediente sobre habilitación de una partida para la persecución de contrabandistas y malhechores.
- El relativo a los 4.844 soldados alistados entre Llerena y pueblos de su partido (3).

A finales de Septiembre de 1808, en Aranjuez se constituyó la Junta Central Suprema de Gobierno del Reino, institución que desde el primer momento se hizo cargo de los asuntos de la Guerra y otros de carácter nacional, quedando el ejército de Extremadura bajo su competencia. La primera actuación de envergadura de dicha Junta Central fue coordinar los distintos ejércitos nacionales, entre ellos el de Extremadura, organizándoles para presionar a los franceses en el valle del Ebro, donde se habían concentrado tras su derrota en Bailén. Pero allí, los aproximadamente 60.000 efectivos españoles se encontraron en el otoño con el enemigo reforzado con más de 250.000 soldados de todas las armas, perfectamente adiestrados y pertrechados, bajo la personal dirección de Napoleón, que sin apenas esfuerzo les derrotó sin contemplación. En lo que más nos atañe, el ejército de Extremadura prácticamente desapareció tras los distintos enfrentamientos que mantuvieron en la provincia de Burgos, sufriendo numerosas bajas y deserciones. Los escasos efectivos que persistieron padeciendo nueva derrota en las proximidades de Madrid, ahora en unos momento en los que la Junta Central se vio forzada a abandonar Madrid para, tras descartar su traslado a la plaza fortificada de Badajoz, refugiarse por fin en Sevilla.

En los archivos municipales consultados encontramos amplias referencias de estos últimos acontecimientos. Concretamente tenemos noticias de los días previos a la irremediable entrada de Napoleón en Madrid, situación angustiosa que los madrileños comunicaron mediante posta, pidiendo auxilio a todo el reino, imitando así a la proclama de los alcaldes de Móstoles ante los acontecimientos del 2 de Mayo. Dichas noticias llegaron a Guadalcanal en la mañana del 6 de Diciembre, desde Puebla del Maestre y procedentes de Montemolín, Fuente de Cantos…, Miajadas y el resto de los pueblos de la ruta entre Badajoz y Madrid. De esta capital, el primero de Diciembre partieron por distintos itinerarios varios emisarios pidiendo auxilio e indicando que las justicias de cada pueblo de las rutas establecidas debían actuar como centro emisor a los de su contorno. Para ello, dejaban en manos de las autoridades locales la estrategia a seguir para que la trágica noticia se difundiese con la máxima eficacia. La copia que llegó a Guadalcanal procedía, como se ha dicho, de la Puebla del Maestre, con la advertencia de que estos acontecimientos ya eran conocidos en Llerena, por lo que debían difundir la petición de auxilio hacia Sevilla, a través de Alanís. Textualmente decía:

Madrid está amenazada del ataque inminente de los franceses que se hayan muy próximos. En su consecuencia, manda el Consejo Real a todos los corregidores, alcaldes mayores y ordinarios que en el momento, y sin más dilación, despachen al socorro de esta capital la gente armada que sea posible, especialmente con armas de fuego, reunificándose si fuere exigible en el camino de los más inmediato para venir en la mayor fuerza y opondrán los estorbos que se ofrezcan, haciéndoles cuanto daño puedan. Circulen la orden de pueblo en pueblo… (4)
De nada sirvió la petición de ayuda anterior, pues ya el 4 de Diciembre, tras derrotar de nuevo a lo que quedaba del ejército español y extremeño en el paso de Somosierra, los franceses entraron en Madrid.

Pese a la debacle y las numerosas deserciones del otoño de 1808, volviendo nuevamente sobre el ejército de Extremadura, durante los meses de Enero y Febrero se consiguió reorganizarlo, quedando a cargo del general Gregorio de la Cuesta y con el inmediato objetivo de contener a los franceses en su decidido avance desde Madrid hacia Extremadura. Por ello, temiendo no poder contenerlos en los pasos del Tajo y del Guadiana, y sospechando que la intención de los invasores era la de encaminarse hacia Sevilla, ciudad donde se había refugiado la Junta Central Suprema de Gobierno, se dieron determinadas órdenes para fortificar las posibles rutas a su paso por Sierra Morena. Así, los zapadores, con ayuda del vecindario de los distintos pueblos de las posibles rutas, organizaron puntos de resistencia en los Santos, Monesterio, el Culebrín, Santa Olalla, el Ronquillo…, haciendo lo propio en la ruta alternativa a su paso por Guadalcanal. Siguiendo estas pautas, en esta última villa el 2 de Febrero de 1809 se convocó una sesión de la Junta Patriótica local, a la que habían sido expresamente invitados un maestro alarife, dos vecinos conocedores del término de Guadalcanal y Antonio Clarato y Sama, coronel del ejército de Extremadura. Este último asistía como comisionado para el reconocimiento de los caminos, veredas, tránsito y desfiladeros que pudieran servir de paso al ejército francés y a sus carretas a través de Sierra Morena. En el acta correspondiente aparece descrito el plan de defensa de la zona, dando detalles minuciosos sobre las obras a emprender en ciertos puntos estratégicos y de paso forzado por los invasores (5) .Además de las medidas anteriores, la Junta Central adoptó la estrategia de fomentar partidas de guerrilla y de preparar las denominadas milicias urbanas para incomodar al enemigo, impidiendo así la obtención de víveres mediante acciones por sorpresa en los puntos neurálgicos del sistema de comunicaciones.

II.-PRIMERA INVASIÓN DURANTE LA PRIMAVERA DE 1809



Siguiendo el plan establecido anteriormente, el grueso de la reconstruida tropa extremeña se instaló en el Puerto de Miravete, en el puente de Almaraz y en Medellín, de donde definitivamente fueron desalojados el 29 de Marzo, tras una polémica batalla en la que, según el posterior informe de su general en jefe, D. Gregorio de la Cuesta, tenían prácticamente ganada, aunque falló a ultima hora por la tibieza con que se empleó la caballería española. Esta seria derrota provocó una penosa y desesperada retirada del ejército de Extremadura hacia el sur, dejando al enemigo a las puertas de Badajoz y la práctica totalidad de la zona central y oriental de la actual provincia de Badajoz a su alcance. Concretamente, tras la derrota en Medellín, el Cuartel General de los españoles se instaló en Berlanga; toda la caballería, comandada por el general Villalba, en Llerena; la división de Andalucía, comandada por el duque de Alburquerque, en Azuaga; la división de Guadalupe, al frente de la cual estaba el general Barredo, en Granja de Torrehermosa; el duque del Parque, con la vanguardia y la primera división, en Ahillones; en Reina la segunda división con su comandante el general Imaz; la tercera, bajo el mando del general Portago, en Fuente del Arco; y el hospital general en Guadalcanal (6). Al parecer, aunque el Cuartel General se trasladó poco después a Monesterio, estas posiciones se mantuvieron en manos españolas, pero no la de los otros pueblos del resto del partido de Llerena y los de la zona central y oriental de la actual provincia de Badajoz, en donde, obviamente, se vieron forzados a proporcionar a los invasores cuantos avituallamientos estimaron oportuno exigir, so pena de saqueos arbitrarios. De ello, tenemos una clara referencia en Hornachos, en donde precisamente ejercía como alcalde mayor en que lo fue de Llerena, Sr. Camborda.

Al parecer, los franceses, tras exigir el botín de guerra, se retiraron del Partido de Llerena y de la Baja Extremadura a otras zonas más acorde con sus estrategias. Dicho repliegue dio pie a ciertos ajustes de cuenta entre los distintos clanes políticos de cada pueblo, acusándose unos a otros de tibieza ante los requerimientos de los franceses. El ejemplo más palpable, volviendo otra vez sobre Camborda, fue el acoso que recibió por parte de los miembros de la Junta Patriótica de Llerena, que aún le tenían en el punto de mira. Pero también en esta ciudad existieron divergencias y lucha por el poder, disputas que en realidad no cesarían hasta terminar la guerra. En efecto, insistiendo sobre este asunto, que no fue trivial, ya hemos considerado los enfrentamientos entre la Junta Patriótica y el entonces alcalde mayor y gobernador interino, Sr. Camborda. A éste le sustituyeron Antonio Muñoz Santiago, como gobernador, y Amat Robles, como alcalde mayor. El tal Amat -personaje que más adelante dio muestras de su oportunismo y arribismo, sirviendo y defendiendo indistintamente la causa española y la de los invasores- “disfrutó” rápidamente de la enemistad de su inmediato superior, el gobernador Muñoz, de quien tuvo que defenderse (7). Además, Antonio Muñoz Santiago –caballero de la Orden de Alcántara, coronel de caballería de los reales ejércitos, gobernador político y militar del partido de Llerena y comandante del cuerpo de milicia honrada, que también se autoproclamaba presidente de su junta patriótica- inmediatamente que tomó posesión de su cargo, y con la ayuda de los desairados regidores perpetuos que gobernaban Llerena antes de la constitución de su Junta Patriótica, intentó vaciar de funciones a dicha Junta. Al parecer, a la vista de los decretos que procedentes de Llerena llegaban a los pueblos de su partido, este objetivo lo consiguió plenamente, una vez que Riesco y Casquete abandonaron Llerena para asumir puestos de mayores responsabilidades. El momento más álgido de esta lucha por el poder tuvo lugar con motivo de los actos programados para celebrar la victoria española en la batalla de Talavera (28/07/1809), que terminó como el rosario de la aurora, precisamente en la Iglesia Mayor de Nuestra Señora de la Granada (8).


III.- TIERRA DE NADIE DURANTE 1810


Ninguna otra noticia significativa durante el resto de 1809. Los franceses se marcharon de nuestra zona en Mayo, centrándose los acontecimientos bélicos en Portugal y en el norte de la Península. Pero a primeros de 1810, controlada por los invasores la práctica totalidad septentrional de España, el pesimismo se apoderó de nuestros antepasados, una vez conocidas las intenciones del enemigo por ocupar Extremadura y Andalucía, operación que acometieron sin apenas resistencia. En efecto, los gabachos avanzaron por el norte decididamente sobre Extremadura, bajo el mando del mariscal Massena, apoderándose de Olivenza ya el 22 de Enero e iniciando el cerco a Badajoz el 26 de dicho mes. Al mismo tiempo, el 20 de enero y bajo el mando del mariscal Soult, los invasores penetraron por Despeñaperros, ocupando sin apenas resistencia la totalidad de Andalucía en sólo un mes, salvo el fortín de Cádiz. Concretamente y en lo que más nos podría afectar, el primero de Febrero se apoderaron de Sevilla, no conformándose Soult con esta ocupación, sino que inmediatamente puso sus ojos en Cádiz (ciudad a donde definitivamente tuvo que trasladarse la Junta Central Suprema del Reino y que la cercó el 6 de Febrero) y sobre la plaza fortificada de Badajoz, enclave ya sitiado por Massena y que resistía heroicamente al acoso francés. Por ello, es a partir de esta fecha cuando empieza a actuar por nuestra zona el 5º Cuerpo del ejército francés o del Mediodía, cuyas tropas atravesaron repetidas veces las tierras del partido de Llerena por diferentes rutas para reforzar el cerco de Badajoz.

En definitiva, las comarcas sureñas de la actual provincia de Badajoz se convirtieron por entonces en una zona de paso para la columna móvil francesa que continuamente se desplazaba desde Sevilla a Badajoz y viceversa, deteniéndose sólo en los pueblos de la ruta para repostar y descansar. Naturalmente, esta circunstancia determinaba grandes perjuicios a sus desafortunados vecinos, pues en su paso los invasores se apoderaban de todos los suministros que podían. Es decir, en estas fechas lo prioritario para el ejército francés del Mediodía era el cerco de Badajoz, la defensa de Sevilla y el acoso a Cádiz, no teniendo en absoluto la menor intención de dispersar su ejército ocupando y supervisando la gobernación de los pueblos de las rutas establecidas y los que le eran próximos. Y en esta situación llegamos a Mayo, fecha hasta la cual las autoridades de Llerena, mediante decretos firmados por Muñoz Santiago, seguían ocupándose de los asuntos de la guerra en los distintos pueblos de su partido, siempre recogiendo ordenes superiores procedentes de Junta Superior (instalada desde la rendición de Sevilla en Cádiz), de la Junta Suprema de Extremadura (también desde febrero instalada en Valencia de Alcántara al amparo de los ejércitos ingleses y portugueses) o de los generales españoles del denominado ejército de la izquierda.

No fue, por lo tanto, hasta Mayo de 1810 cuando los franceses se interesaron por la ocupación permanente y la administración política de los pueblos que nos ocupan, interés y control que, precisamente por los avatares de la guerra, no consiguieron de forma plena. En efecto, algunos pueblos, como Guadalcanal, lo ocuparon ininterrumpidamente hasta Agosto de 1812, mientras que en otros, dadas las continuas escaramuzas del ejército de la Izquierda, que comandaba el marqués de la Romana, unas veces quedaban sometidos a los franceses y otras liberados por los españoles. De ello era consciente la Junta Suprema de Extremadura, que desde la sitiada Badajoz en Abril se dirigía al gobernador de Llerena pidiendo informe sobre los pueblos del partido invadidos (9). Desconocemos si dicho informe pudo llevarse a cabo, pues concretamente Llerena debió ser ocupada en fechas inmediatas a la considerada, siendo éste el último decreto visado por el Sr. Muñoz, que debió abandonar la ciudad y su cargo nada más ver al primer francés por sus alrededores.

Y debió ser así porque entre Mayo y Septiembre del año que nos ocupa, no encontramos en los archivos municipales de los pueblos del partido de Llerena órdenes españolas tramitadas desde Llerena. Por lo tanto, no sólo esta ciudad sino la mayor parte de la zona sur, central y oriental de la actual provincia de Badajoz debieron estar ocupadas por los franceses, que intencionadamente permanecieron por aquí para aprovechar la época veraniega y hacer acopio de cereales y paja. No obstante, tenemos referencias de que existió un paréntesis intermedio, concretamente durante la primera quincena de Julio, fechas durante las cuales la administración del partido quedó nuevamente bajo la competencia de la Junta Patriótica de Llerena, pues Muñoz y Amat ya habían abandonado sus responsabilidades políticas y administrativas. Y estas órdenes principalmente tenían como finalidad exigir alistamientos y avituallamientos (10), objetivos que no pudieron cumplirse, pues en Agosto ya estaban otra vez los franceses por la zona, emprendiendo cierta acción en Fuente de Cantos (1/08/10) (11) e instalándose en Llerena. Y en esta ciudad permanecieron hasta recibir refuerzos de Sevilla con miras a cortar el paso al ejército español denominado de la izquierda, que bajo el mando del marqués de la Romana pretendía por aquellas fechas atacar y liberar la ciudad hispalense. Es decir, los franceses decidieron librar el 11 de Agosto en Cantalgallo, en las proximidades de Llerena y no en Sevilla, la batalla más cruenta, junto a la de la Albuera, de las emprendidas en la Baja Extremadura, sorprendiendo y derrotando a los más de diez mil efectivos españoles comandados por el marqués de la Romana y los generales Ballesteros, Cuesta, Imaz y Mendizábal, que todos ellos estuvieron implicados en la derrota (12). Poco después, confirmando la superioridad enemiga, el 14 y 15 de Septiembre volvieron a enfrentarse en Fuente de Cantos (13), nueva derrota que determinó la retirada momentánea del ejército español de la izquierda, unos efectivos hacia la frontera con Portugal y la mayoría, al mando del marqués de la Romana, hacia Portugal, a donde acudieron para apoyar a ingleses y portugueses en la defensa de la línea de Torres Vedrás.

Tras la retirada del ejército nacional de la Izquierda de esta zona en Septiembre de 1810, los franceses hicieron lo mismo, centrándose la confrontación en Portugal y en el eterno asedio a Badajoz, por lo que el otoño de 1810 fue relativamente tranquilo en los pueblos de nuestro partido. Aprovechando esta coyuntura y una vez que los invasores desalojaron Llerena, Matías Cebrián López -uno de los regidores perpetuos díscolo y crítico con las actuaciones de los miembros de la Junta Patriótica, a los que desautorizó aliado con los otros regidores perpetuos y con Antonio Muñoz, el gobernador- se hizo con el poder en la ciudad, circunstancia de la que hacía gala cuando trasmitía ordenes superiores a los pueblos del partido, en calidad “de la omnímoda real jurisdicción de Llerena y su partido, por legítima elección” (14).

A juzgar por los decretos tramitados y firmados por Matías Cebrián, parece ser que desde septiembre de 1810 la práctica totalidad del partido quedó nuevamente en manos españolas, circunstancia que se aprovechó para seguir insistiendo en el reclutamiento y alistamiento iniciado en los primeros días de julio que, como ya se dijo, no pudo llevarse a cabo por la inmediata reocupación francesa. Igualmente se aprovechó la ausencia del enemigo para solicitar más avituallamiento para la tropa, “teniendo atención a que los valientes soldados no deben carecer de lo necesario y teniendo en cuenta que los pueblos que lo sostienen (donde estaba en cada momento el cuartel general y las distintas divisiones) padezcan lo menos… por ello se ha elaborado un plan con toda meticulosidad para que todos los pueblos del partido de Llerena contribuyan y no sólo donde están los cuarteles, excluyendo por ahora a varios de ellos por los perjuicios que les han causado nuestros pérfidos enemigos, los que he visto y han excitado mi compasión… los pueblos, con los medidas que estimen oportuna trasportarán un día para tres las raciones asignadas, y no distraerse continuamente en sus labores. Y los de Guadalcanal, Valverde de Llerena, Ahillones, Berlanga, Azuaga, Granja, Magulla y Campillo harán una remesa anticipada de ocho días y, concluyendo esta seguirán con el mismo orden… ”(15)


IV.- BAJO LA ADMINISTRACIÓN FRANCESA DESDE ENERO DE 1811 HASTA LA PRIMAVERA DE 1812


La relativa tranquilidad en los pueblos del partido durante el otoño de 1810 cambió totalmente justo al iniciarse 1811. En esta fecha el mariscal Soult penetró en Extremadura, desde Sevilla, con dos objetivos: tomar de forma definitiva la ciudad fortificada de Badajoz, sitiada prácticamente sin interrupción desde Marzo de 1810, y también, según López Fernández, “atraerse así a parte de los efectivos españoles que en la línea defensiva de Torres Vedrás contenían a la fuerzas de Massena en su intento de apoderarse de Lisboa” (16).

El primero de los objetivos se consiguió el 11 de Marzo, tras la polémica rendición de la exhausta ciudad de Badajoz, paradigma de la resistencia española y cuya capitulación representó un golpe de efecto que facilitaría el control francés de la mayor parte de Extremadura, como así fue. En efecto, la heroica rendición de Badajoz, tras un año de asedio casi ininterrumpido, marcó el punto de inflexión en el desarrollo de la guerra, considerando los franceses que con dicha rendición el sometimiento de Extremadura era total. Sin embargo, días después, una vez consolidada la plaza de Badajoz y de dejarla debidamente defendida, el general Latour-Maubourg se retiró hacia Sevilla, siendo su retaguardia acosada por la caballería de vanguardia del 5º ejército aliado, comandada por el bizarro conde de Penne-Villemur (17), que les persiguió y castigó en Villafranca, Zafra, Los Santos, Usagre, Llerena, Casas de Reina y Reina, limpiando la zona de enemigos, dejándolos el 20 de Abril en Guadalcanal. Una semana después, desde esta última villa los franceses intentaron recuperar Llerena, no sólo por su significado histórico sino porque en ella, en su precipitada huída el día 18 del mes en curso, habían dejado gran cantidad de víveres y otros avituallamientos. No consiguieron los invasores este objetivo, pues fueron rechazados en un enfrentamiento que tuvo lugar el 28 de Abril en las proximidades de Reina y Casas de Reina, a la altura del camino real que comunica ambas poblaciones con Guadalcanal (18).

Pese al acoso del conde Penne-Villemur, la realidad fue que, tras la rendición de Badajoz y especialmente tras la batalla de la Albuera (16/05/1811), la práctica totalidad del territorio extremeño quedó en manos de los franceses (19). Pero ahora llegaban como amigos, libertadores y nuevos administradores. Por ello, la primera intervención de los invasores fue nombrar a los nuevos miembros del Ayuntamiento, a través de los cuales presionaban con continuos y asfixiantes requerimientos de dinero, equipamientos, comidas y medios de transporte para los ejércitos imperiales, circunstancias de la que respetuosamente se quejaban las autoridades, haciéndose eco de las airadas protestas de la vecindad.

En realidad, la administración francesa en Extremadura ya se había marcado en Abril de 1810, cuando decidieron escindirla en dos provincias o prefecturas, de acuerdo con el Decreto de 17 de dicho mes y año, por el que el territorio español quedaba dividido en 38 prefecturas, con 111 subprefecturas (20). En la demarcación territorial que más se identifica con la actual Comunidad Autonómica de Extremadura se diferenciaban dos prefecturas: el Departamento del Tajo, con capital en Cáceres, y el del Guadiana, con capital administrativa en Mérida. Esta última subdividida en tres subprefecturas, fijando sus cabeceras en Badajoz, Llerena y Mérida.

Pero la efectiva administración de Extremadura por parte de los franceses no se produjo hasta después de la rendición de Badajoz y de la batalla de la Albuera, cuando Soult, general en jefe del ejército del Mediodía, “considerando destruido enteramente el ejército insurreccional de Extremadura y ocupando las plazas fuertes de todo el territorio y estando en ventaja en Andalucía y Extremadura (…) Considerando que un gran número de individuos que componían los cuerpos insurgentes han vuelto a sus hogares y desean pacíficamente entregarse a sus respectivos trabajos (…) Considerando que la paz reina en Andalucía y Extremadura, salvo las acciones de cuadrillas de bandoleros, que no tienen otro objetivo que el robo y la devastación de la propiedad privada…” decidió conceder indulto general a los militares españoles que desertaran y entregaran sus armas a los oficiales franceses, incluso ofreciéndoles la posibilidad de que, tras previo informe, pudieran incorporarse a los ejércitos imperiales, conservando su rango. Igualmente, ordenaba a las justicias de los pueblos que denunciaran a los vecinos incorporados a los ejércitos aliados o a la guerrilla, secuestrando en estos casos sus bienes (21).

Los franceses nombraron como comisario regio en Extremadura a Francisco Therán, estableciéndose por razones estratégicas en Zafra, y no en Mérida. Dicho comisario, siguiendo la Constitución denominada de Bayona y las órdenes de los militares franceses, se ocupó de la administración de la prefectura del sur de Extremadura desde el punto de vista político, religioso, hacendístico y jurídico, nombrando al clero y a los funcionarios correspondientes. Concretamente, como subprefecto de Llerena nombró a Francisco Ximenez Riquelme. Respecto al gobierno religioso, tomó la decisión de suprimir las jurisdicciones de Órdenes Militares, manteniendo en sus cargos a aquellas personas que ya ostentaban las distintas dignidades religiosas antes de la invasión y, en ausencia y rebeldía del obispo de Badajoz, nombraron a José Gonzáles Aceijas como Vicario Apostólico, hasta que en Roma tuviesen a bien nombrar nuevo obispo. Igualmente reorganizó la Real Audiencia de Extremadura, nombrando oidores adeptos a la causa francesa. Naturalmente, el gobierno militar quedó en manos de los ejércitos franceses, siendo el barón de Girard el máximo responsable de las tropas imperiales en Extremadura.

Ya en Enero de 1812, una vez elegidos, según la constitución de Bayona, las juntas municipales que debían gobernar en cada pueblo, Therán les mandó una carta-orden para que se convocara al vecindario en la Plaza Pública, y allí, juntos y congregados, presentaran juramento al Rey, José Bonaparte, siguiendo el siguiente ritual: “juramos fidelidad y obediencia al Rey, a la Constitución (de Bayona) y a las leyes”. Igualmente obligó a todos los regidores, funcionarios públicos y a los curas párrocos, beneficiados y demás componentes de los cabildos eclesiásticos para que, a título personal, hiciesen el mismo juramento, en este caso firmado de puño y letra.

Naturalmente, también se ocupó de las rentas e impuestos provinciales, determinando lo que estimó oportuno. Sobre este particular, ya en Febrero y ante el descontento generalizado de la población por los nuevos requerimientos de víveres, desde Llerena Francisco Jiménez Riquelme convocó en la citada ciudad una “Gran Junta” constituida por la municipalidad de los pueblos de su subprefectura. En ella debían presentarse los comisionados en cada pueblo, con todos los recibos de los suministros que hubiesen hecho a las tropas imperiales durante 1811. Concretamente, desde Guadalcanal llevaron la consigna, previamente estudiada en una sesión de cabildo extraordinaria, de que habían contribuido con muchos suministros, aunque “tenían pocos recibos por haberse perdido ante la gran confusión y complicación de cosas en la fijación de las divisiones y continuo paso de tropas, y que también por la prontitud con que se marchaban, muchas veces sin quererlos dar” (22).

V.- RETIRADA DE LOS FRANCESES DURANTE EL VERANO DE 1812



En la primavera de 1812 la confrontación empezó a cambiar de signo. Así, el 6 de Abril la plaza de Badajoz fue liberada por las tropas inglesas, portuguesas y españolas, ahora asociadas constituyendo el quinto ejército. Igualmente, el 28 de Agosto los franceses se vieron forzados a abandonar Sevilla. Ambos hechos representan el definitivo punto de inflexión en el desarrollo de la guerra en Extremadura, Andalucía y España, punto de inflexión que encuentra explicación en dos circunstancias favorables para los intereses españoles: la retirada de parte de los efectivos franceses localizados en la Península al centro de Europa y Rusia, y la decidida intervención del ejército anglo-portugués, una vez que lograron expulsar a los franceses de Portugal.

La reconquista de Badajoz fue muy costosa para ambos ejércitos. Pero además resultó polémica y conflictiva, a cuenta de los excesos de la tropa de nuestros aliados, los ingleses, que saquearon la ciudad y maltrataron al vecindario, circunstancias de las que se derivaron ciertos desencuentros entre los generales ingleses y españoles, así como multitud de quejas por parte de los maltrechos residentes.

Llegados a este punto, es preciso advertir que, en 1812, el mando de todos los ejércitos aliados (españoles, británicos y portugueses) estaba en manos del duque de Wellington. Igualmente, era el general Hill quien ostentaba el mando del 5º ejército aliado, precisamente el que liberó Badajoz y actuaba preferentemente por Extremadura. En definitiva, eran los ingleses quienes controlaban los asuntos de la guerra y quienes decidieron, tras la reconquista de Badajoz, continuar la campaña de acoso a los franceses fuera de Extremadura. Concretamente, Wellington desplazó su tropa hacia Salamanca, seguramente preparando la batalla de los Arapiles (22/07/1812), mientras que Hill, siguiendo instrucciones del duque, se trasladó hacia el Alentejo y el Algarbe.

Las decisiones anteriores molestaron a los generales españoles, quienes defendían la estrategia de aprovechar la derrota francesa en Badajoz para expulsarlos totalmente de Extremadura. Buena prueba de ello la encontramos en la carta que el general Moscoso remitió al ministro interino de la guerra a finales de Junio:

La retirada de los ingleses del País de Barros en Extremadura, por la aproximación de los enemigos en número de 10.000 infantes, 2.400 caballos y 12 piezas de artillería, según se confirma, da más pronta y clara idea de la poca esperanza que debe quedar a esta provincia de asegurar su recolección, la que los enemigos se apresuran a recoger y transporta, haciendo trabajar 22 horas en la siega…

Sigue Moscoso añadiendo que, mientras acontecía lo descrito, el general Hill no se decidía a atacar al enemigo, pese a disponer de una tropa muy superior a la de los franceses en Extremadura (23).

Desconocemos el eco de la carta anterior, pero lo cierto es que a primeros de Julio el general Hill reanudó la contienda en Extremadura, arrinconando en pocos días a los franceses en la zona de la Serena, de la que definitivamente saldrían los enemigos por Azuaga y Fuenteobejuna a finales de Agosto. Y éste fue el momento en el que los vecinos de esta zona de la Campiña y Sierra Sur Oriental badajocense fueron testigos directos de los últimos coletazos de la contienda bélica en nuestra provincia, en esta ocasión viendo cómo el enemigo, derrotado y humillado, la abandonaba camino de Córdoba.

Gómez Villafranca (24) nos proporciona en su apéndice documentos a través de los cuales observamos cómo nuevamente el conde Penne-Villemur, al frente de la caballería de la vanguardia del 5º ejército aliado que comandaba el general Hill, avanzaba otra vez sin apenas resistencia por la Ruta de la Plata y sus proximidades, barriendo literalmente de enemigos la zona. Así, el día 2 de Julio liberaron Santa Marta, el 3 Almendralejo y Azeuchal, el 4 Los Santos, el 5 y 6 Usagre y Bienvenida, descansando al siguiente día. Tras este receso, entre los días 8 y 9 liberaron a Villagarcía, Llerena, Guadalcanal y Valverde de Llerena, villa, esta última, donde establecieron el Cuartel General, quedando la mayor parte de la tropa aliada desplegada entre Villagarcía, Llerena y Guadalcanal, a la espera de valorar las fuerzas enemigas situadas en Ahillones, Berlanga, Maguilla, Granja y Azuaga, puntos por donde sospechaban que los franceses desalojarían la Serena, camino de Fuenteobejuna y Córdoba.

La valoración y reconocimiento del enemigo fue rápida, pues ya al día siguiente por la tarde, otra vez la caballería del conde Penne se vio involucrada en una “acción” de importancia, conocida como la de Ahillones, que no concluyó hasta el día siguiente (25).

Respecto a lo ocurrido entre el 12 de julio -día en el que el conde firma el informe de la batalla anterior- y finales de Agosto -fecha en la que definitivamente los franceses abandonan nuestra zona y Extremadura- no tenemos referencias documentales sobre los acontecimientos bélicos. Al parecer, los franceses, acantonados en Azuaga, se recompusieron con la ayuda de otros efectivos procedentes de la Serena, ocupando nuevamente Llerena y Guadalcanal. En cualquier caso, tenemos la constatación documental de que abandonaron definitivamente la zona del partido de Llerena a finales de Agosto.

VI.- DESDE LA RETIRADA DE LOS FRANCESES HASTA EL FINAL DE LA GUERRA


Sabemos que el 31 de Agosto de 1812 no quedaba un solo francés por nuestro entorno, de donde definitivamente salieron una vez que el 28 de Agosto tuvieron que rendir la plaza de Sevilla. Este momento fue aprovechado por la Junta Municipal nombrada a primeros de año por el invasor, ahora citado textualmente como “gobierno intruso”, para reunirse en sesión extraordinaria y presentar la dimisión de sus respectivos oficios. Dicha dimisión, siguiendo disposiciones de las autoridades españolas, se hacia en favor de los regidores y funcionarios que estaban al frente del gobierno municipal cuando el pueblo en cuestión fue ocupado y gobernado por los franceses. Concretamente en Llerena, en ausencia de gobernador y alcalde mayor, fue Hernández Santa Cruz -regidor decano antes de la invasión francesa y único miembro del ayuntamiento que pasó a formar parte de la Junta Patriótica de Llerena- quien, tomó las riendas de la ciudad y su partido.

A partir de estas fechas asistimos a momentos de euforia entre la vecindad, aunque seguían quejándose de los continuos requerimientos de dinero y bagajes para el ejército, ahora nacional (26), especialmente desde mediados de Octubre. Es en esta fecha cuando los ayuntamientos empezaron a gobernarse según disposiciones emanadas de la Constitución de Cádiz y cuando, una vez suprimidas las juntas supremas provinciales, empezó a funcionar en cada provincia las diputaciones provinciales constituidas tras las elecciones del primero de Octubre de 1812.

Pero los franceses no se retiraron con las manos vacías y sin destrozar todo lo que pudieron. En un informe que de forma genérica se pidió a todos los pueblos del partido de Llerena por expresa orden del comandante de la compañía Doyle, el ayuntamiento de Guadalcanal, después de dar datos pormenorizados del vecindario, indicaba:

El estado de esta población es en no poca decadencia, motivada por las invasiones que ha sufrido del enemigo en el continuo paso de ellos por esta villa, guarnición y estancia de las divisiones que han permanecido en ellas, que es incalculable los destrozos , perjuicios y exacciones que han hecho, llegando a tanto grado que en últimos de Abril y principios de Mayo próximo pasado segaron casi todas las mieses de trigo, cebada y demás para forraje para los caballos de sus divisiones, de modo que en invierno próximo anterior llegó a valer en esta población la fanega de trigo 480 reales, y los pobres andaban por las calles cadavéricos y fallecieron muchos a impulsos de el hambre.

De 1813 sólo quedan en nuestro archivo retazos de las Actas Capitulares de los pueblos consultados, que ya nada aportan sobre el estudio que se sigue, salvo ciertas peticiones de dinero y avituallamiento para la causa nacional. Durante todo este año los franceses, ahora a la defensiva, se replegaron ordenadamente hacia los Pirineos, en cuyas proximidades soportaron las derrotas definitivas (Vitoria y San Marcial), llegando los aliados a superar la frontera natural.

La Guerra concluyó a finales de 1813, tras el acuerdo de Valençay (4/12/1813). En 1814 por fin se incorporó Fernando VII, el elogiado y deseado durante todo el tiempo de la Guerra, pero que defraudó estrepitosamente, anulando la Constitución de Cádiz y todas las leyes y decretos emanados a su amparo. Se retornando, por lo tanto, nuevamente prácticas políticas y sociales cavernarias y propias de las fases más retrógradas del Antiguo Régimen, obviando las innovaciones ilustradas, el ejemplo de la revolución francesa y el sacrificio del pueblo español para recuperar para el monarca la corona que indignamente llevó hasta su muerte.

__________
(1)El texto completo de acta de constitución de la Junta Patriótica de Llerena pueden consultarlo en GÓMEZ VILLAFRANCA, R. Extremadura en la Guerra de la Independencia española: memoria histórica y colección diplomática, 2 ª parte, apéndice documental, pp. 83 y 84, Badajoz, 1908. Más datos sobre este particular en AHN, Estado, 2, A. Reconocimiento de la Junta Central por las autoridades de Llerena (6 de Octubre de 1808). Igualmente pueden consultar a MALDONADO FERNÁNDEZ, M. “Llerena en 1808”, en la Revista de Fiestas Patronales, Llerena, 2008.
(2)AMG, leg. 127.
(3)AHN, Estado, 2, A.
(4)AMG, leg. 126.
(5)AMG, leg. 1.382. Libro de Actas Capitulares, carpeta de 1809.
(6)AHN, Diversos-Colecciones, 152, N. 27: Informe de M. Alós.
(7)AHN, Estado, 32, A.
(8)AHN, Estado, 80, D.
(9)AMG, leg. 1.640.
(10)AMVT, leg. 91.
(11)AHN, Diversos-Colecciones, 87, N. 15. Ligero parte de la acción de Fuente de Cantos que el general Vallesteros remite al Marqués de la Romana… 1º de Agosto (Fuente Cantos)
(12)AHN, Diversos-Colecciones, 88, N. 16. También puede consultar MALDONADO FERNÁNDEZ, M. “La batalla de Cantalgallo”, en Revista de Fiestas Patronales, Trasierra, Junio de 2008.
(13)AHN, Diversos-Colecciones, 87, n. 15. Acción dada por el general de la Carrera en Fuente de Cantos el 14 y 15 de Septiembre de 1810.
(14)AMVT, Leg. 91.
(15)AMVT, leg. 91. Concretamente, Valencia de las Torres debería llevar al Cuartel de Zafra 2 fgas. de harina, 4 cabezas de ganado menor y 12 fanegas de cebada. Por otra parte, diariamente al Cuartel de Fuente de Cantos debía proporcionar 48 libras de carne, 48 raciones de pan, 6 fanegas de cebada y 30 cargas de paja.
(16)LÓPEZ FERNÁNDEZ, M. “El inicio de la invasión francesa por el sur de Extremadura en 1811”, en Revista de Estudios Extremeños, T. LXI-II, Badajoz, 2005.
(17)El conde, como se deduce de su propio nombre, era francés de nacimiento y enemigo acérrimo de Napoleón y su política imperialista, circunstancia por la que decidió unirse a la causa española contra sus propios compatriotas. Y asumió sus demostradas competencias militares con decisión y heroicismo, dejando numerosas muestras de ello. Precisamente por estas circunstancias, las Cortes de Cádiz, mediante el Decreto LXXXI de 4 de Agosto de 1811, así se lo reconoció, concediéndole “la gracia de naturaleza en los Reynos de España”.
(18)MALDONADO FERNÁNDEZ, M “La Guerra de la Independencia en la Sierra y Campiña sur badajocense: La acción de Reina y Casas de Reina”, Revista en Honor de Ntra. Sra. de las Nieves, Reina, Agosto de 2008. Sobre esta misma “acción”, también pueden consultar otro artículo en la Revista de Fiestas de la Higuera (2008), titulado “La muerte del teniente Pizarro, un higuereño héroe de la Guerra de la Independencia”.
(19)En realidad, según se quejaba el general Castaño y la mayoría de los jefes militares españoles del V ejército, los franceses se adueñaron de Extremadura tras la retirada de los aliados (por decisión personal de lord Wellington) a otras zonas limítrofes con Portugal durante Mayo de 1811. AHN, Diversos-Colecciones, 137, N. 68.
(20)Véase MARTÍNEZ DÍEZ, G. “Extremadura, origen del nombre y formación de las dos provincias”, en Anuario de la Facultad de Derecho de Cáceres, nº 2, 1983. También BURGUEÑO ÁLVAREZ, J. Geografía política de la España constitucional. La división provincial. Madrid, 1996.
(21)AMG, leg. 1.251, carpeta de 1811.
(22)AMG, leg. 1.251, carpeta de 1812.
(23)AHN, Diversos-Colecciones, 129, N. 8.
(24)GÓMEZ VILLAFRANCA, R. Extremadura en la Guerra de la Independencia española: memoria histórica y colección diplomática, 2 ª parte, apéndice documental, pp. 422 y stes., Badajoz, 1908.
(25)AHN, Diversos-Colecciones, 139, N. 61. Acción de Ayllones dada por la división de vanguardia al mando del general Conde de Penne Villemur, los días 10 y 11 de Julio de 1812. Sobre esta “acción”, también pueden consultar MALDONADO FERNÁNDEZ, M. “Retirada de los franceses de la zona sur de Extremadura. La acción de Ahillones y Berlanga (10 y 11 de Julio de 1812)” en la Revista de Feria y Fiestas de Valverde de Llerena, 2008
(26)Por ejemplo, los 100.000 reales con que se cargó inmediatamente al concejo de Guadalcanal en pagas semanales de 6.868 reales (“Repartimiento semanal que se hace a los vecinos de esta villa y aldea de Malcocinado, por ahora y por una vez, para atender a los fines que se mencionan, por acuerdo del Ayuntamiento de 9 de septiembre de 1812” para cuyo efecto siguieron el libro de amillaramiento y beneficios rústico, pecuario e industrial de 1811. AMG. Leg. 648). Siguiendo con esta política de repartimientos puntuales, mencionamos también otro de Septiembre de 1813, en este caso tras solicitud del jefe político de la provincia, Carlos Rusconi, reclamando 800.000 reales de la provincia para acudir en auxilio del ejército de los Pirineos que estaba a punto de expulsar a los franceses, pero con riesgo de retroceder si no le llegaba dicha ayuda. Al partido de Llerena, donde naturalmente seguía encuadrado Guadalcanal, le correspondieron 136.000 reales de los requeridos. (AMG, Leg. 1.382, carpeta de 1813).
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BIBLIOGRAFIA

I.- FUENTES DOCUMENTALES:

- AHN, Diversos-Colecciones, 87, N. 15
- AHN, Diversos-Colecciones, 137, N. 68.
- AHN, Diversos-Colecciones, 129, N. 08.
- AHN, Diversos-Colecciones, 139, N. 61. Acción de Ahillones dada por la división de Vanguardia del 5º ejército, al mando del general conde de Penne-Villemur.
- AHN, Diversos-Colecciones, 152, N. 27: Informe de M. Alós.
- AHN, Estado, 2, A. Reconocimiento de la Junta Central por las autoridades de Llerena.
- AM Guadalcanal, leg. 126.
- AMG, leg. 127.
- AMG, leg. 1.251. Libro de actas capitulares, carpeta de 1810, 1811 y 1812.
- AMG. Leg. 648.
- AMG, leg. 1.382. Libro de Actas Capitulares, carpeta de 1809.
- AMG, Leg. 1.382, carpeta de 1813.
- AMG, leg. 1.640.
- AM. Valencia de las Torres, leg. 91.
- AM. Valverde de Llerena, leg. 35.

II.- FUENTES IMPRESAS
- BURGUEÑO ÁLVAREZ, J. Geografía política de la España constitucional. La división provincial. Madrid, 1996.
- GÓMEZ VILLAFRANCA, R. Extremadura en la Guerra de la Independencia española: memoria histórica y colección diplomática, 2 ª parte, apéndice documental, pp. 83 y 84, Badajoz, 1908.
- LÓPEZ FERNÁNDEZ, M. “El inicio de la invasión francesa por el sur de Extremadura en 1811”, en Revista de Estudios Extremeños, T. LXI-II, Badajoz, 2005.
- MALDONADO FERNÁNDEZ, M. “Llerena en 1808”, en la Revista de Fiestas Patronales, Llerena, 2008.
- MALDONADO FERNÁNDEZ, M “La Guerra de la Independencia en la Sierra y Campiña sur badajocense: La acción de Reina y Casas de Reina”, Revista en Honor de Ntra. Sra. de las Nieves, Reina, Agosto de 2008.
- MALDONADO FERNÁNDEZ, M. “La batalla de Cantalgallo”, en Revista de Fiestas Patronales, Trasierra, 2008.
- MALDONADO FERNÁNDEZ, M. “La muerte del teniente Pizarro, un higuereño héroe de la Guerra de la Independencia”, en Revista de Fiestas, Higuera de Llerena, 2008.
- MALDONADO FERNÁNDEZ, M. “Retirada de los franceses de la zona sur de Extremadura. La acción de Ahillones y Berlanga (10 y 11 de Julio de 1812)” en la Revista de Feria y Fiestas, Valverde de Llerena, 2008.
- MARTÍNEZ DÍEZ, G. “Extremadura, origen del nombre y formación de las dos provincias”, en Anuario de la Facultad de Derecho, Cáceres, nº 2, 1983.
- www.manuelmaldonadofernandez.blogspot.com
- www.llerenahistoriadelpartidode.blogspot.com

LLERENA 1808

I.- INTRODUCCIÓN
En la fecha que nos ocupa, nuestra ciudad aún representaba un punto de referencia importante dentro de Extremadura y de la Orden de Santiago, pues en ella seguían residiendo un buen número de administraciones políticas, fiscales y religiosas, aunque con competencias en una demarcación territorial cada vez más reducida por la progresiva aparición de corregidores y alcaldes mayores en los pueblos más importantes de su partido histórico, como en Azuaga, Bienvenida, Granja, Guadalcanal, Hornachos o Usagre.
En general, el país también había venido a menos, una vez que Carlos IV tomó sus riendas y se las encomendó a Godoy, su favorito y también el de la reina. Por esas fechas bajaron los salarios, al igual que la producción, mientras que simultáneamente iban subiendo los precios de aquellos artículos de primera necesidad y aumentando la presión fiscal. A ello es preciso añadir la confusa posición internacional que ocupaba la Nación, cambiando continuamente de alianzas.
 
Sobre este último particular, definitivamente y después de barajar distintas alternativas desde finales del XVIII, en 1807 España y Francia firmaron el Tratado de Fontainebleau, acordando la entrada de los ejércitos franceses en territorio español con miras a invadir Portugal y repartírselo. Naturalmente, esta circunstancia, aparte la resistencia de los naturales de la nación lusa, forzó la intervención de los británicos, sus históricos aliados, que de ninguna manera estaban dispuestos a que se alterase el equilibrio de fuerzas en el continente.
 
Ya con el poderoso ejército francés ocupando Portugal, y también desplegado estratégicamente por distintas zonas del territorio español, tuvo lugar el Motín de Aranjuez (17 y 18 de Marzo de 1808), insurrección palaciega y popular que perseguía imponer como nuevo rey al príncipe de Asturias. Concluyó con la caída de Godoy y la forzada abdicación de Carlos IV en su hijo Fernando, desde ese momento Fernando VII, que inmediatamente solicitó el beneplácito de los aliados franceses. No obstante, días después Carlos IV manifestaba haber abdicado presionado por su heredero y partidarios, reclamando nuevamente la corona ante Napoleón. Aprovechando esta coyuntura, el emperador les hizo ir a territorio francés (Bayona) donde, una vez que el 5 de Mayo tuvo conocimiento de los sucesos del día 2 en Madrid, les obligó a abdicar en beneficio de José Bonaparte, disponiendo además elaborar una constitución para España, aquella que poco después se aprobó en Bayona.
 
II.- FORMACIÓN DE LA JUNTA PATRIÓTICA DE LLERENA
Los acontecimientos citados no pasaron desapercibidos en Llerena. Es seguro que a finales de marzo de 1808 ya se conocía la caída de Godoy y la abdicación de Carlos IV en favor de su hijo don Fernando, sucesos celebradas con repiques de campanas, canto del Tedeum y misa de acción de gracia, pues estas fueron precisamente las noticias y órdenes que su gobernador mandó a todos los pueblos del partido(1).
Poco después llegaron noticias de los trágicos acontecimientos de Madrid, donde el 2 de Mayo el pueblo se amotinó y levantó en armas contra los franceses, sospechando que los planes de Napoleón eran de apoderarse también de España e imponer una nueva dinastía, la de los Bonaparte. Estos lamentables sucesos se difundieron en forma de proclama y alzamiento popular por una buena parte de España gracias a la decisión de los alcaldes de Móstoles quienes, a título particular, le declararon la guerra a los franceses, difundiendo su rebelión por distintos puntos de la Península.

En efecto, lo acontecido en Madrid y la iniciativa y disposición de los alcaldes de Móstoles fueron conocidos oficialmente por el alcalde mayor de Llerena, don Fernando Camborda, sobre las tres de la madrugada del día 5 de Mayo. Se lo hizo saber el alcalde mayor de Bienvenida, quien seguramente tuvo en sus manos unos de los documentos originales que, procedente de Móstoles, sus alcaldes mandaron hacia Extremadura y la zona de la Sierra de Aracena. El Sr. Camborda, por circunstancias que más adelante se explicarán, retuvo unas horas dicha información, para después difundirla entre las otras autoridades llerenenses y también entre las del resto del partido que gobernaba. Como respuesta más inmediata, en los distintos pueblos del partido se convocaron sesiones extraordinarias y urgentes de sus respectivos cabildos. Así ocurrió, por ejemplo, en Guadalcanal:
"Ha hecho presente el Sr. Regente de esta Real Jurisdicción, (el Corregidor) D. Martín Castelló, la caótica situación en que se halla la corte de Madrid, según el oficio de la justicia de la villa de Móstoles, que le ha sido comunicado por el Sr. Alcalde Mayor Gobernador interino de Llerena, por donde aseguran que se está derramando mucha sangre en aquella, y que imploran auxilio a favor de nuestros compatriotas contra el ejército francés, y de hallarse presa la persona de nuestro Rey. Por ello, deseosos de auxiliarlos en cuanto nuestras fuerzas alcancen y penetrados de los sentimientos más tiernos hacia nuestro Soberano y Patria (...),este Ayuntamiento se pone a disposición de dicho Gobernador interino, al mismo tiempo que acuerdan comunicar la situación al clero de la villa y religiosos para que hagan rogativas durante nueve días en estas críticas circunstancias..."

Al día siguiente volvieron a llegar noticias desde Badajoz, confirmando el secuestro de la familia real española en Bayona y el nombramiento de José Bonaparte como nuevo monarca. Venían acompañadas de órdenes procedentes del Capitán General de Extremadura, el desafortunado conde de Torre del Fresno, quien se interesaba por el número de vecinos dispuestos a alistarse y tomar las armas en defensa del "Rey, de la Patria y de la Religión". Desconocemos la repercusión que las citadas informaciones y órdenes tuvieron en Llerena(2), pero suponemos, según se ha podido detectar en los archivos municipales de otros pueblos próximos, que se alistarían numerosos voluntarios para constituir el ejército de Extremadura. Así, tomando nuevamente como referencia a Guadalcanal, sus autoridades informaron que en la tarde del 7 de mayo llegaron otras noticias desde Llerena, confirmando las anteriores. No obstante, añadían "que los distintos pueblos de la Nación ya estaban organizados para combatir al enemigo francés, cuyo ejército había sido derrotado en territorio portugués por los naturales de aquel reino, y que ya se había formado un ejército español que iba camino de Madrid para socorrer a sus vecinos", noticias que, aunque exactamente no respondían a la realidad, se incluían con la finalidad de fomentar el espíritu patriótico y elevar el ánimo de los súbditos. Y este fue el efecto que las informaciones anteriores provocaron en Guadalcanal, donde los miembros de su Ayuntamiento tomaron inmediatamente la decisión de "convocar a los vecinos y verdaderos patriotas para alistarse y tomar las armas". Asimismo, acordaron "visitar a los vecinos pudientes para que enterados de las circunstancias tan críticas suministraran gratuitamente los intereses y armas que tuviesen a bien (...) como es conforme al amor con que deben mirar la causa del Soberano y de la Patria"(3).
 
Mientras que en el seno del pueblo llano aumentaba la indignación contra los invasores, sospechando de sus obscuras intenciones, las máximas autoridades del reino seguían recomendando tranquilidad, pues oficialmente, pese a los atropellos del ejército invasor, aún no se le había declarado la guerra. Por ello, a espaldas del poder establecido, a finales de Mayo se constituyeron en la mayor parte de las distintas provincias españolas las denominadas juntas supremas provinciales, cada una actuando de forma soberana y, en principio, anárquica y descoordinadamente.
 
La de Extremadura debió constituirse en los primeros días de Junio, pocos después del motín o asonada popular que concluyó con la muerte a palos del Capitán General, el conde de Torre del Fresno, acusado por el vecindario de Badajoz de mostrar cierta tibieza ante las pretensiones francesas, más concretamente por no celebrar con la solemnidad deseada la onomástica de San Fernando, como homenaje al monarca preso en Bayona. Días ante, el 31 de Mayo se constituyó la de Sevilla, pero esta Junta Suprema se arrogó inicialmente la facultad de representar y defender en exclusividad los intereses de Fernando VII en el reino, pretendiendo imponerse sobre sus homólogas en otras provincias. De hecho, aquí en Llerena en un principio se siguieron las órdenes procedentes de Sevilla, desoyendo las que procedían de Badajoz, hasta que la Junta Suprema hispalense se vino a razones.
 
Efectivamente, el día primero de Junio, siguiendo instrucciones de la Junta Suprema de Sevilla, se personó en Llerena, después de pasar por Monesterio y otros pueblos de la ruta hacia la ciudad andaluza, Don Manuel de Luque, con el siguiente poder: "La Junta Suprema de Gobierno de Sevilla, en representación de la Augusta persona del Sr. Don Fernando Séptimo, su legítimo soberano, da facultad a don Manuel de Luque (…) para que pueda pasar con el lleno de sus facultades a la Provincia de Extremadura para entender en ella la proclama del Sr. Don Fernando Séptimo y alarmar a fin de que esta comisión tenga su debido efecto, hace saber a todas las provincias y pueblos (…) En el Palacio del Real Alcázar de Sevilla, a treinta de Mayo de mil ochocientos ocho".
 
Como respuesta a las instrucciones del referido comisario, ese mismo día se constituyó la Junta Patriótica local, con facultad para actuar también en aquellos pueblos de su partido histórico en los que no existiesen alcaldes mayores o corregidores. El texto del acta de constitución decía así:
"En la ciudad de Llerena, a primero de Junio de 1808, el Ayuntamiento, Tribunal de la Santa Inquisición, Clero, Prelado de Religiones, curas, Nobles y demás persona de clase de esta ciudad: Habiendo recibido en ese día la Instrucción, proclama, bandos y órdenes que se han comunicado por la Junta Suprema de Sevilla, con motivo de las actuales circunstancias y urgencias que presenta la Nación para la defensa del Rey y la Patria, todo este cuerpo reunido y animado de los sentimientos patrióticos, ha estimado conveniente adherir a las ideas que las mismas circunstancias hacen de absoluta necesidad, y para poder organizarla de modo más conducente (…) nombran por individuos de la junta patriótica que reciban las órdenes de la Junta Suprema, dé y reciba los avisos que estimen oportuno, a los señores…"
 
Continúa el Acta, nominando a los distintos miembros de la Junta Patriótica llerenense, según la relación que sigue:- Don Francisco María Riesco, inquisidor decano.- Licenciado don José Joaquín Casquete de Prado, provisor y juez eclesiástico.- Don Francisco Hernández Santa Cruz, regidor perpetuo y decano.- Don Fernando Aguilar y Vadés, del estado de hidalgos.- Don Juan Vázquez Fernández, abogado de los reales consejos.- Don Fernando de Medina, administrador de todas las rentas y teniente del ejército retirado.- Y como secretarios los tres escribanos supernumerarios de gobernación: Diego Vizuete, Manuel de Guillamer y Lorenzo Maesso.
Firmaron como testigos: Camborda (alcalde mayor de Llerena y gobernador interino), Cebrián (que daría mucho que hablar a lo largo de 1809), Gordillo, Gato, Casquete, Hidalgo, Siliceo, Cantolla, Dr. Riesco, Dr. Gasco, fray Pedro Cava, fray Joaquín Rubio, el guardián de San Sebastián, Poggio, Peña, Zambrano, Ladera, Escalera, Aguilar, Ordiales, Fernández, Carrasco, Corpas, Medina, Vázquez y Tejada(4).
 
De la simple observación del listado anterior, se aprecian tres circunstancias dignas de considerar:- En primer lugar, resaltamos que se excluye totalmente de dicha junta la participación del pueblo llano; a éste, aplicando los principios absolutistas del Antiguo Régimen, sólo se le requería para que se manifestase tumultuosamente e insultase a los invasores, así como para convocarles a los actos festivos y religiosos programados para celebrar aquellos eventos que las distintas juntas determinaran, donde se les arengaba y animaba a alistarse en el ejército para defender a Dios, a la Patria y al Rey; es decir, como venía ocurriendo hasta entonces, todo para el pueblo, pero sin el pueblo.- Tampoco figuraba en la misma el alcalde mayor y gobernador interino, don Fernando Camborda. La exclusión del poder político establecido fue bastante habitual a la hora de constituirse las distintas juntas patrióticas locales, pues la insurrección contra los franceses, como ya se ha indicado, fue mayoritariamente de carácter popular, sin contar con las autoridades políticas ante sus indecisiones y tibiezas en el trato con los franceses, postura que el pueblo, los patriotas verdaderos y los oportunistas les recriminaban.- Por lo contrario, sí se contó con el clero, presente siempre en las juntas patrióticas locales que conocemos. Como se aprecia en la relación anterior, la Junta Patriótica llerenense quedó encabezada por los dos clérigos de más prestigio en la ciudad y su partido, clérigos que por otra parte, dado su peso político, ambos fueron diputados conservadores en las Cortes Constituyentes de Cádiz(5).
 
Tras su constitución, la primera sesión se celebró el 6 de Junio, a instancia de don Manuel de Luque, que traía órdenes precisas de la Junta Suprema constituida en Sevilla, concretamente la de dar instrucciones sobre alistamiento y enviar a los numerosos mozos del partido de Llerena a formar parte del ejército de Extremadura, ejército que debía tomar posiciones sobre los puentes del Guadiana y del Tajo, estorbando así el posible avance francés sobre Extremadura.
 
En siguientes sesiones se ocuparon de las funciones que les eran propias por reglamento, ahora siguiendo instrucciones directas de la Junta Suprema de Extremadura, una vez que las constituidas en las otras provincias normalizaron sus relaciones, cortando con la situación anárquica que se presentó en los primeros momentos de la contienda, y que la de Sevilla desistiera de su pretendida supremacía.
 
Buena muestra de las actividades de la Junta Patriótica de Llerena se localiza en una certificación de los secretarios de la misma, dando cuenta de sus actividades patrióticas desde su constitución hasta primero de octubre de 1808. Entre los documentos generados y las actuaciones realizadas, aparte los cuadernos que recogían las distintas sesiones de dicha Junta, relacionaron:
- Varios cuadernillos de órdenes recibidas de la Junta Suprema de Extremadura.
- En consecuencia, otros con órdenes mandadas desde Llerena a las juntas patrióticas de los pueblos y ayuntamientos de su partido.
- Un informe sobre el establecimiento de rondas en el interior de Llerena y nombramiento de guardas para sus puertas y otras entradas, en previsión de "cualquier ocurrencia que sobreviniese".
- Numerosos cuadernos de alistamientos de mozos en Llerena y pueblos de su partido.- Registros de donativos voluntarios.
- Otros "papeles" sobre confiscación de bienes, entre otros al conde de Campo Alange y al duque de Uceda.
- Numerosos cuadernos sobre contribuciones habituales y otras nuevas para afrontar las necesidades del momento, referentes tanto a los pueblos santiaguistas como a aquellos segregados de su primitiva jurisdicción (Berlanga, Valverde, Villagarcía...)
- Otros documentos para registrar las distintas remesas de avituallamientos para el ejército, tanto en ganados como en granos, otros alimentos, ropas, telas, etc.
- Otro, "secreto" sobre reconocimiento de papeles sediciosos y subversivos.- Un expediente sobre habilitación de una partida para la persecución de contrabandistas y malhechores.
- El expediente relativo a los 4.844 soldados alistados entre Llerena y los otros pueblos de su partido(6).

Después de una relación mucho más extensa que la expuesta, remataron la memoria de actuaciones manifestando:
"En igual forma, resulta que se han hecho varias rogativas, con diversas funciones solemnes de Iglesia y cantado el Te deum, según la ocurrencia de los tiempos (…), a lo que ha contribuido el estado eclesiástico gratuitamente… "

III.- DESENCUENTROS ENTRE LA JUNTA PATRIÓTICA DE LLERENA Y EL SR. CAMBORDA, ALCALDE MAYOR Y GOBERNADOR INTERINO
El Sr. Camborda, que también asistió a la constitución de la Junta Patriótica llerenense, aparece en su acta como un testigo más de los muchos que allí se reunieron, saliendo de la misma francamente contrariado. Esta circunstancia dio paso a un enredo jurídico de cierta entidad, gracias al cual disponemos de la información que se trata de ofrecer en este artículo, y cuyos documentos muestran el continuo desencuentro entre Camborda y los miembros de la Junta Patriótica de Llerena. En efecto, según se desprende de dicha fuente documental, el desde 1799 gobernador de Llerena, don Agustín de Silva y Pantoja, había cesado en su cargo el 5 de Enero anterior, sustituyéndole como gobernador interino el entonces alcalde mayor. Este último cesó también poco después, entrando a primero de Marzo como alcalde mayor de Llerena y gobernador interino en funciones el tal Camborda, quien desde un principio cultivó una intensa amistad y, a juicio de los llerenenses, "cierta complicidad" con dos comerciantes franceses asentados en Llerena y con intereses en Sevilla, don Marcelino Lon y un tal Casamayor, emparentado este último con Cebrián (7). El tal Cebrián era regidor perpetuo de Llerena, importante ganadero de la zona y también padre de varios mozos, que se alistaron en el ejército ocupando cargos importantes. Concretamente, uno de ellos, Lorenzo Cebrián, fue comandante del batallón de cazadores de Llerena, más adelante procesado por cierta conducta indeseable.
 
Volviendo sobre el alcalde mayor, como ya indicamos anteriormente, era de dominio publico que retuvo durante ciertas horas la información sobre los sucesos de Madrid y el levantamiento promovido por los alcaldes de Móstoles, precisamente, y según posterior denuncia de los miembros de la Junta Patriótica llerenense, para dar tiempo a salir de la ciudad a sus amigos franceses, que marcharon a toda prisa hacia Sevilla temiendo un linchamiento popular. La amistad del alcalde mayor con los citados franceses no se interrumpió tras esta separación, sino que continuó mediante cartas. Una de ellas –la escrita el 18 de Mayo y requisada posteriormente al Sr. Lon en Sevilla, y en la que, según los miembros de la Junta Patriótica llerenense, se les insultaba- fue la que definitivamente terminó enfrentando al gobernador interino con los miembros de la junta llerenense.
 
En efecto, tras ser acusado anónimamente como afrancesado y mal patriota, Camborda fue citado el 14 de Julio en Badajoz por el Sr. Gallurzo, capitán general de Extremadura y presidente de su Junta Suprema, institución ante la que debía defenderse de las acusaciones que les imputaban. Allí se defendió con soltura, alegando que su actuación con los comerciantes franceses fue exclusivamente humanitaria, para evitar su linchamiento. Además, llevaba consigo multitud de documentos que ponían de manifiesto su buen hacer y demostrado patriotismo durante el corto espacio de tiempo que llevaba en Llerena. Concreta y especialmente, presentaba entre otros documentos:- Un certificado de Vicente Abad, escribano de lo público y de la gobernación, que le defendía indicando que el alcalde mayor siempre había actuado "dando evasión a cuantos delicadísimos asuntos ocurrieron en aquella época (…), comportándose con la mayor vigilancia y esmero"- Otro testimonio de José Gómez González, también escribano de la gobernación de Llerena, que insistía en los mismos argumentos que Abad. Además, daba cuenta de ciertas obras públicas llevadas a cabo por el acusado.- Finalmente, también se hizo acompañar del manifiesto patriótico, fechado el 6 de Junio, que hizo imprimir y publicó para su conocimiento y difusión en Llerena y el resto del partido, que aquí se adjunta.
 
Sobre las obras públicas que, en opinión de González Gómez, llevó a cabo Camborda, textualmente indicaba:
"Que durante la ausencia de dicho gobernador (don Gregorio de Silva y Pantoja, que se despidió de la ciudad el 5 de enero de 1808), se empedraron con la mayor simetría las calles de esta ciudad, que estaban en la mayor parte intransitables".
 
Igualmente, como mérito de Camborda, añadía:
"Formó un hermoso paseo de arbolado de álamos negros, con sus respectivas calles y veinticuatro camapés distribuidos en sus trechos, cercados de piedras y cancillas de madera con sus empalizadas para preservarlas de los ganados, en el campo de San Marcos, cuyo terreno se allanó quitando los pantanos que tenía y lográndose por este medio que lo que antes era una deformidad hoy sea un punto del mayor recreo y reunión de gentes".
 
Con los testimonios anteriores pretendía demostrar su patriotismo, suplicando al capitán general que le castigara con rigor si le encontraba como delincuente. Pero si no era así, pedía:- Que le liberara de sus obligaciones como alcalde mayor de Llerena, a donde estimaba que no debía volver tras las graves acusaciones que le imputaban.- A cambio, solicitaba el oficio de auditor de guerra, quedando comprometido, si así se estimaba, a ceder el sueldo de un año (5.700 reales) y comprar a su costa 120 camisas de soldados para el ejército.- Además, insistía reiteradamente que le indicaran quiénes eran sus acusadores.- Por último, solicitaba que en el periódico local se publicara un manifiesto sobre su inocencia y el indiscutible carácter de buen patriota.

La Junta Suprema de Extremadura, oída la defensa de Camborda, aceptó su donativo, certificó oficialmente su inocencia y le trasladó como alcalde Mayor a Hornachos (8). En realidad, la junta llerenense, que "teóricamente" no intervino en la acusación como mal patriota del alcalde mayor, sólo pudo demostrar su conexión con los dos súbditos franceses instalados en Sevilla. Por lo demás, sin pruebas concretas, manifestaron que Camborda, asiduo asistente a las reuniones de la Junta, desde los primeros momentos no hizo más que poner trabas administrativas y jurídicas sobre sus decisiones. Finalmente, puntualizaban que los méritos sobre las obras públicas citadas no le correspondían, pues se trataban de iniciativas del anterior gobernador.


 En efecto, contrarrestando el informe del escribano Gómez González en favor de Camborda, textualmente y por el interés que tiene sobre el urbanismo de la ciudad, manifestaron:"Fue el gobernador, don Gregorio de Silva y Pantoja, quien dispuso que se empedraran las calles con la mejor simetría y porque estaban en la mayor parte intransitables, habiendo logrado la ciudad por este motivo gran brillantez. Dicho gobernador dio principio al empedrado, se verificó en algunas y se suspendió con la avenida de las lluvias, y esto debió especificarlo el escribano Gómez González. Hizo ausencia el gobernador en enero de 808 y Camborda dispuso la continuación del empedrado, pero no se puntualizó en toda la ciudad sino en muchas de sus calles, y esto se hizo a espensa de los propios vecinos, que muchos, por su pobreza, sintieron el agravio y perjuicio de tener que vender sus colchones y otros efectos para no experimentar los rigores con que los estrechaba Camborda".
 
Siguen rebatiendo los argumentos del escribano, ahora desprestigiando el paseo que se atribuía Camborda. Textualmente:
"Sobre el hermoso paseo de álamos negros, con sus respectivas calles y veinticuatro camapés, cerca de piedras y cancilla de madera, con su empalizada para preservarlo de los ganados, y todo esto en el campo de San Marcos: Esta obra de Camborda fue un proyecto perjudicial al público, contra la instrucción del año 48 y demás órdenes expresadas: El gobernador dispuso desde que vino a la ciudad en el año de 799, un paseo desde la población al convento que llaman de los descalzos, en cuyo sitio se había dispuesto anteriormente y no había tenido efecto: Se plantaron 500 árboles; se perdieron algunos y, según se iba observando la pérdida, procuraba replantarse en tiempo oportuno: Don Fernando Camborda pudiera haber continuado aquel pensamiento y se hubiera logrado un buen paseo y muchos árboles que sirviesen en caso de necesidad para las urgencias del Reino; pero tomó otro rumbo distinto en un ejido ansanero, privó a los vecinos de la utilidad del pasto, a los labradores del sitio en que ponían sus parvas, cerró el paso de una cañada Soriana, cuyo cordel viene desde la ermita de San Benito hacia la de San Marcos; cortó muchos álamos blancos gruesos de la alameda de San Benito para la empalizada que dice el testimonio, parte de esta madera se dio a los carpinteros por su trabajo y parte en dicha empalizada. Libró Camborda contra los propios con esta obra (…), no rindió cuentas y al final de todo no se logró el fin de la alameda porque el terreno es árido"(9).
 
Su sustituto fue un tal Andrés Amat. Así como de Camborda no tenemos constancia de su afrancesamiento, sólo de la inquina que alguien de Llerena le tenía, de Amat sí sabemos que fue un arribista y contrastado afrancesado, que se volcó como funcionario importante dentro de la administración francesa en los casi dos años que los invasores gobernaron Llerena(10).
 
IV.- CONSTITUCIÓN DE LA JUNTA CENTRAL SUPREMA DE GOBERNACIÓN DEL REINO.
Una vez que Camborda fue trasladado a Hornachos a mediados de Julio, no volvemos a tener noticias de Llerena hasta Octubre del mismo año, concretamente pocos días después de constituirse en Aranjuez la Junta Central Suprema Gubernativa del Reino, que representaba a la monarquía hispánica y sustituía a las múltiples e inconexas juntas supremas provinciales.
 
En efecto, la autonomía y soberanía de la Junta Suprema de Extremadura, como las establecidas en el resto de las provincias nacionales, perduró hasta finales de Septiembre de 1808, coincidiendo con la constitución de la Junta Central Suprema de Gobierno del Reino, que desde el primer momento se hizo cargo de los asuntos de la Guerra y otros de carácter nacional, quedando el ejército de Extremadura bajo su competencia.
 
La constitución de un órgano central de gobierno para unificar el carácter regionalista e inconexo de las numerosas juntas supremas provinciales, situación que rayaba el anarquismo, ya fue objeto de consideración desde los primeros momentos de la guerra. Fue la de Valencia la que dio el definitivo paso hacia la convergencia, concretamente a raíz del éxito de los ejércitos nacionales en Bailén, a mediados de Julio. Después de ciertas vacilaciones, especialmente por intuir que los miembros de los antiguos consejos reales pudieran caer en la tentación de pretender copar los cargos más importantes, por fin, en Aranjuez, el día 25 de Septiembre los representantes de las distintas juntas supremas provinciales acordaron constituir la Junta Central Suprema y Gubernativa del Reino, jurando el cargo sus distintos miembros sobre los Evangelios.
 
La primera actuación de envergadura de la Central del Reino, que representaba y sustituía a Fernando VII, fue coordinar los distintos ejércitos nacionales, en un intento de contener a los franceses localizados en las proximidades de los Pirineos, donde se habían hecho fuerte tras el serio revés sufrido en Bailen. Este aspecto bélico, como otros de signo contrario para los intereses nacionales que tuvieron lugar durante el otoño, serán abordados más adelante.
 
Volviendo sobre la Junta Patriótica de Llerena, a primeros de Octubre, una vez que tuvieron noticias de la constitución de la Junta Central Suprema de Gobierno del Reino, se reunieron con urgencia para ponerse a disposición de la misma. Concretamente y en relación textual suficiente, manifestaron:"Que teniendo noticias de hallarse establecida felizmente en el Real sitio de Aranjuez la Junta Central Suprema y de Gobierno de todo el Reino, y que en esta consiste la unidad de todas las provincias y la dirección de todo el Reino a nombre de nuestro amado Monarca Fernando Séptimo, con la entera satisfacción y confianza que deben tener todos los leales vasallos en las disposiciones y providencia de la referida Junta, no puede por menos ésta de mirar su establecimiento como una obra del Todopoderoso para la libertad e independencia del Rey y del Reino; y por lo tanto, todos sus individuos, llenos del mayor entusiasmo y alegría por el referido establecimiento y aumentado aquello con el gusto de ver colocados los sabios y dignos patriotas que la constituyen en el justo lugar preeminente que se merece para el gobierno de todo el Reyno y para proporcionar que se restituya la corona a el referido nuestro amado y legítimo monarca (…) Acuerda la Junta que sin detenciones felicite a la Suprema Central de Gobierno de todo el Reyno; Que al mismo tiempo, se den las gracias a el Omnipotente por medio de una función clásica de Iglesia, rogando en ella los Ministros del Santuario con todos los fieles, que el Espíritu Santo ilumine a aquellos dignos miembros (…) jurando como juran solemnemente todos los miembros de esta Junta su obediencia a la Central, por la representación que del soberano en sí tiene".
 
Concluyó la sesión, relacionando las distintas actuaciones de la Junta Patriótica de Llerena, en esta ciudad y en los pueblos de su partido, dando cuenta de sus acuerdos de gobierno y de su incesante colaboración en pro de la causa nacional, tanto recaudando donativos como impuestos, además de fomentar y coordinar el alistamiento de soldados y de proveerlos de avituallamientos y bagajes precisos.
 
V.- LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA EN 1808.
El desarrollo de la guerra a lo largo de este primer año fue definitivamente negativo para los intereses nacionales. Los momentos iniciales entrañaron gran dificultad, pues se trataba de enfrentarse a un ejército que había entrado en España como amigo y al que inicialmente se le dio todo tipo de facilidades para instalarse, avituallarse y ocupar las posiciones estratégicas que más les interesaban.
 
En efecto, mientras que las distintas juntas supremas provinciales intentaban organizar cada una por su cuenta la resistencia, José Bonaparte se presentó en Junio en Madrid, sede oficial de la corte, neutralizando en su camino con facilidad los escasos obstáculos que le ofrecía el improvisado y descoordinado ejército español. Desde la capital del reino los invasores se desplegaron por las zonas del territorio peninsular que más se acomodaban a sus intereses y estrategias, con tan excesiva suficiencia, confianza y autocomplacencia que provocó su estrepitosa derrota en Bailén, el 19 de Julio de 1808. Tras este fracaso, la totalidad de la gran armada francesa se vio forzada a retirarse entre el Ebro y los Pirineos, esperando nuevas órdenes y estrategias.
 
La primera actuación de envergadura de la Central del Reino constituida en Aranjuez, fue coordinar los distintos ejércitos nacionales, entre ellos el de Extremadura, organizándolos para presionar a los franceses en el valle del Ebro. Pero allí, los aproximadamente 60.000 efectivos españoles se encontraron en el otoño con un ejército reforzado con más de 250.000 soldados de todas las armas, perfectamente adiestrados y pertrechados bajo la personal dirección de Napoleón, que sin apenas esfuerzo les derrotó, presentándose en Madrid a primeros de Diciembre.
 
En lo que más nos atañe, el ejército de Extremadura prácticamente desapareció tras los distintos enfrentamientos que mantuvieron en la provincia de Burgos, sufriendo numerosas bajas y deserciones. Por ello, tras recuperar los efectivos que sobrevivieron y determinar nuevos alistamientos, con el consiguiente pago para avituallamientos y bagajes por parte de los extremeños, a finales de Enero de 1809 se consiguió nuevamente reorganizarlo, encomendándoles la misión de dificultar la entrada de los franceses en Extremadura y cortar su conexión con Portugal. Para ello, el grueso de la tropa extremeña se instaló en el Puerto de Miravete, en el puente de Almaraz y en Medellín de donde, como ya trataremos en otra ocasión, fueron desalojados con facilidad, provocando durante la primavera de 1809 la primera invasión enemiga en esta zona sur de Extremadura, de donde se marcharon para volver en la primavera del siguiente año.
 
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(1) AMG, leg. 1382. Libro de Actas capitulares, carpeta de 1808. Según referencias recogidas en el archivo de Guadalcanal sobre la Guerra de la Independencia y su preámbulo, las primeras referencias sobre el Motín de Aranjuez llegaron a esta villa desde Llerena, entre las 10 y las 11 de la noche del 27 de marzo. Se trataba de la Real Provisión de 21 de Marzo, firmada por Carlos IV en el Real sitio de Aranjuez, donde anunciaba su abdicación.(2) Como ya es conocido, existe un hueco documental en los distintos archivos de esta ciudad, que afecta a las tres últimas décadas del XVIII y a las tres primeras del XIX.(3) AMG, leg. 1382.(4) El texto completo de acta de constitución de la Junta Patriótica de Llerena pueden consultarlo en GÓMEZ VILLAFRANCA, R. Extremadura en la Guerra de la Independencia española: memoria histórica y colección diplomática, 2 ª parte, apéndice documental, pp. 83 y 84, Badajoz, 1908. Más datos sobre este particular en AHN, Estado, 2, A. Reconocimiento de la Junta Central por las autoridades de Llerena (6 de Octubre de 1808).(5) Del inquisidor tenemos pocas referencias, sólo datos sobre su intervención conservadora en las Cortes de Cádiz. Del fuentecanteño Casquete del Prado sabemos que más adelante fue obispo-prior perpetuo de la Orden de Santiago, precisamente por su "devoción" a Fernando VII y lo que el monarca representaba.(6) En las fuentes indicada en la nota 4.(7) AHN, Sec. Estado, 32, A.(8) En esta villa, en abril de 1809 también fue acusado de mal patriota. Ahora por mostrarse complaciente con los requerimientos franceses en la incursión de sus ejércitos por la práctica totalidad del sur de Extremadura durante la primavera de 1809, tras la seria derrota nacional en la defensa de Medellín. Dicha acusación, seguramente procedente de los enemigos que había dejado en Llerena, se hizo a través de un anónimo publicado en el Correo Político y Literario de Sevilla, con fecha 24 de Abril de 1809 y en el capítulo dedicado a Llerena. De esta acusación se defendió enérgicamente mediante un memorial apologético, ensalzando sus actuaciones patrióticas. Este documento, una vez despojado del aspecto autocomplaciente de su autor, resulta de extraordinaria importancia para conocer los acontecimientos bélicos durante los dos primeros años de guerra.(9) AHN, Sec. Estado, 32, A.(10) Como se tiene la intención de continuar con este artículo en años venideros, Dios mediante, ya tendremos la oportunidad de extendernos sobre este último "personajillo".